lunes, 12 de agosto de 2013

Apuntes para desarrollar una metodología de iniciación a diferentes aprendizajes por Norberto Victorio Zen

Prof. Norberto Victorio Zen

Compartimos un hermoso texto sobre los conceptos de aprendizaje y recreación escrito por el profesor Norberto Victorio Zen. Nacido en Esperanza (Santa Fé) en 1925, Norberto Zen es Maestro Normal Nacional, Profesor de Música y Educación Física y cuenta con una importante obra pedagógica y de gestión en las áreas de la danza, la música y  los deportes.

Se desempeñó como Jefe de Gabinete del Teatro Colón en el año 1946 durante la gestión de Horacio Cailliet Bois. Fue además Director de Asistencia Social y Cultura entre 1949 y 1955 en la Municipalidad de Buenos Aires. De esta dirección dependían en aquel entonces los Parques de Deportes y Recreación, las Colonias y Teatros Municipales Infantiles como el reconocido Teatro Labardén. También pertenecen a su gestión el velódromo, el autódromo, el parque de golf y las ecuelas de especialización deportiva.




Voy a comenzar presentándoles varios aspectos de un problema: el desarrollo de las capacidades de los chicos, en función del mundo en que estamos viviendo.
No participo del concepto habitual que separa tiempo de trabajo y tiempo libre, en cuanto a que Recreación es patrimonio solamente de tiempo libre.
En el tiempo de trabajo, labor, responsabilidades, etc. o sea tiempo comprometido o con obligaciones, se ubica también la escuela, cualquiera sea su nivel desde el jardín de infantes a la educación universitaria, y es allí justamente donde se ubica uno de los ámbitos propicios y tradicionalmente usados para juegos de distinto nivel, ya sean intelectuales o físicos, que coadyuvan en la instrucción y
educación (formación).
De tal manera que desde allí, ya tenemos que aceptar la incorporación de la recreación como participante del tiempo comprometido.

Daniel Santoro, Colonia de vacaciones en Mina Clavero (2009)
Lo que generalmente ha escapado al conocimiento, al análisis, o a su desarrollo, es la metodología adecuada para el uso de la recreación en el contexto de la formación.
Hay numerosos aspectos que enfocar: los chicos, el ambiente, las actividades, los docentes y particularmente, la formación de los docentes.
Pero fundamentalmente el encadenamiento, el nexo entre los "ingredientes" (actividades) y procedimientos, el hilo conductor, lo que dará coherencia, sentido y fluidez al método, al camino que emprenderán juntos chicos y docentes.
Para considerar apropiadamente esto debemos ahora empezar a hablar de Tiempo de Vida e incorporar a la recreación en la totalidad de actividades, particularmente en nuestro caso, a la Iniciación (gozosa-positiva-placentera).
Vale decir que se trata de recreación no solo en tiempo libre... también alegrar el tiempo comprometido (trabajo- obligaciones) con experiencias que sean y dejen saldo gozoso, disfrutar de la labor con la que nos ganamos el pan, darle sentido al "yo" interior, nutrirse de lo que se va aprendiendo, queriendo seguir haciéndolo. Considerar como ejemplo el verdadero sentido "profesional" del artista (plástico, músico, teatral, etc.) y del artesano auténtico, quienes viven de lo que realizan, en alegría, sin perjuicio de amarguras y sinsabores circunstanciales. Considerar la posibilidad de no jubilarse nunca dela actividad. La jubilación debería ser solamente a los efectos de la seguridad económica, pero que ese jubilado quiera y pueda seguir trabajando o realizando sus labores, como generalmente ocurre con los artistas, hasta el día final.
Aprender recreativamente, hasta alcanzar el estado de conciencia de que esto gusta y/o sirve. Este aprendizaje dejará un saldo positivo de goce y sentido de apreciación sobre utilidad y razón de ser de las tareas inherentes al oficio-profesión o actividad remunerada y en el caso del aprendizaje sistemático educacional los buenos métodos de una pedagogía recreativa contribuirán a una motivación adecuada, una iniciación positiva, un desarrollo genérico no frustrante con un saldo de aprendizaje de mayor porcentaje de éxito inmediato y futuro.
La iniciación mediante un proceso recreativo, saca a relucir las cualidades naturales y, en el caso en que no las hubiera, logra introducir destrezas, que al ser adquiridas con placer, sustituyen las
carencias congénitas.
Daniel Santoro, "Fuente de aguas curativas" (2004)
Es totalmente distinto al proceso que ocurre con la pedagogía "yugo" o trabajo, que consiste en una exigencia continua, rutina, automatización, todo sin un mínimo de entusiasmo, carencia de simple motivación, es decir, todo lo negativo y que produce un hastío que transforma en pesadez extrema hasta la labor o acción mínima y sencilla que termina haciendo acumular frustraciones y le quitan sentido al acto trascendental del ser: el trabajo digno e imprescindible de la vida, para la vida y por la vida.
 Si bien los jugadores profesionales aceptan o acatan el entrenamiento tradicionalmente llamado "yugo", no lo hacen de buen grado, diferente sería si la formación previa se hubiera logrado con contenido de placer y carga afectiva, producida aquella mediante métodos recreativos, entonces disminuirían las tensiones psicológicas y esa carga disminuiría haciendo naturalmente aceptada esa imposición.
También la convicción o conciencia de que eso gusta o sirve, hace inclusive desear la ejercitación. Nos decía en 1953 el Gral. Perón "cuando los chicos se den cuenta que la gimnasia puede hacerlos físicamente mejores deportistas, voluntariamente querrán realizarla". Hoy que los profesionales muestran su entrenamiento por televisión, comprobamos dicha opinión, pues los colegiales o los chicos del club, no solamente piden, sino que aceptan gustosos cuando el profesor lo indica.
Síntesis "sarna con gusto no pica", aunque pique.
Creo que es el momento de ocuparnos del concepto de recreación. La siguiente es mi definición:


Conceptos fundamentales sobre recreación:
a) El principal aspecto es comprender que recreativamente la conciencia (la mente) elimina algunas imágenes e ideas que la perturban.
b) La recreación forma parte integral -no accidental o agregada- de toda actividad pedagógica.
c) La mente se recrea porque, desde adentro, dirigimos nuestra afectividad para lograr o provocar satisfacción, es decir, cierta felicidad. Para ello hay que liberar la mente de ciertas tensiones.
d) El cuerpo (soma) se relaja muscularmente, pero todo lo muscular (físico, químico, sinergias motoras, etc.) está estrechamente vinculado con la mente.
e) Y mente implica conciencia e inconsciencia. Conciencia es la "franja" que está despierta, recibe estímulos y nosotros sabemos que los estamos recibiendo y tomamos conciencia de su existencia. Inconsciencia (subconsciencia) es nuestro pasado, experiencias acumuladas que permiten, a su vez, incorporar nuevas experiencias en función de lo que está dormido, latente a la espera de que lo necesitemos. Es decir todo enriquecimiento anímico, está en función de las circunstancias nuevas y de las pasadas.
f) Si todo lo pasado está latente, toda experiencia nueva se "teñirá" afectivamente, en función de mi ánimo actual y ese estado de ánimo actual será el resultado, tanto de las experiencias agradables como desagradables del momento y de lo que soy.
g) Así, un individuo que ha tenido una vida feliz, tendrá una mayor disposición afectiva-placentera. Lo contrario es una carga afectiva negativa.
h) Entonces hay que liberar tensiones que conflictúan nuestro inconsciente. Para ello hay que incorporar experiencias no traumáticas y, las actividades recreativas tienen ese potencial,
i) Madurar es crecer. La mente adquiere así, la capacidad y disposición para nuevas experiencias, las que pueden ser recibidas de manera distinta por cada individuo y cada experiencia influye en la personalidad profunda.
j) En la vida infantil y/o adolescente, se corren riesgos de traumas. Pensar en lo erótico (especialmente en la infancia) y en la crisis por eclosión de las glándulas sexuales (fisiológica-pubertad) y crisis mental en el adolescente. La sociedad, habitualmente, no le confiere al adolescente la responsabilidad total, como al adulto, lo que contribuye al trauma. Además, no hay una total maduración e integración de su personalidad, por lo que el adolescente duda de la dirección de su conducta.

Antonio Berni, "Primeros pasos" (1937)
k) Entonces, para evitar traumas (prematuros), se debería educar en alegría, en júbilo, en confianza (fe), en espontaneidad, liberando tensiones. Lo contrario es la pedagogía rutinaria, onerosa, solemne, grave y traumatizante. Todos deberían crecer con las menores trabas posibles.
I) Nacemos con la capacidad de adquirir hábitos motores, mentales y morales. Los hábitos se adquieren mediante experiencias. Suma de experiencias. El logro de hábitos nos permite la libertad de pensar como lo hacíamos antes de ese logro. Nos liberamos de esa preocupación. Los hábitos son instrumentos para la interpretación de las señales de la vida. Es decir para mayor rendimiento y economía. Y para que la mente esté libre y podamos captar las señales estéticas. Podamos, por ejemplo, realizar con gracia (una danza, un canto) y poder transmitir nuestra emoción. No se trata de la sinergia psico-motriz, sino del equilibrio armónico de la personalidad.
m) El hábito motriz no es creador es automático. El hábito mental sí lo es, es creador y las actividades recreativas contribuyen en formar hábitos mentales para una vida ingeniosa, jubilosa, creativa que no se pierden jamás. Se puede perder la destreza, pero la disposición (y actitud) no. Se habrá logrado el hábito de la alegría y tendremos una vida de relación comunicativa que tiende al grado de felicidad y no de tristezas, lágrimas y pesares.
n) Quitar solemnidad en algunos momentos. Aflojar la tensión luego de una concentración máxima. Liberar, "limpiar" la mente para volver a una nueva atención. Liberar tensiones, cargas psíquicas y así evitar fatiga y malhumor.
o) Pero no todo puede ser Juego. Juego e intelectualismo pedagógico: ambos son valederos y cada uno con una función.
Daniel Santoro, "Verano en Ciudad Infantil" (2004)
Aprendo jugando, logro vivencias placenteras y entonces tengo hábitos jubilosos, lo que me permite ir al intelectualismo para así aprender más o ir al trabajo con carga positiva. La Iniciación gozosa, afectiva, tiene latencia positiva. Cuando cobro conciencia de ello, entiendo si me gusta y/o me sirve, comprendo la necesidad de saber más (o practicar más), lo que al enriquecerme, me posibilitará mayores goces, mayores alegrías y seré jubilosamente pleno. Así, entonces se puede pasar a acciones menos gozosas, más rutinarias -tanto intelectuales como motrices- pero que al estar sustentadas en anteriores hábitos positivos y menos solemnes, se toleran más y nos traumatizan menos. La recreación equilibra y compensa el gasto de energías y exceso de concentración atencional (intelectual).
p) El docente habrá de ser capaz de concentrar el interés, no en su persona, sino en el asunto, tema o acción a vivenciar para el aprendizaje, despertando y manteniendo ese interés.
Los docentes deberían comenzar ellos también a formarse recreativamente, pues en general desconoce la pedagogía recreativa. Fueron y son formados con la pedagogía del "yugo".
Debe comenzar a comprenderse el valor de lo adquirido con gusto y placer. A los docentes tradicionales solo les queda "imaginar" un posible cambio, salvo que se inicien en alguna actividad nueva y a la nueva manera recreativa, de modo que tomen conciencia del saldo positivo que ello deja y puedan autocomparar vivencias y sensaciones.
Antonio Berni, "El Caballito" (1956)
Una cosa es un método recreativo para el aprendizaje de música y otra para el atletismo. Ambas están cargadas naturalmente de juego, difieren sustancialmente por el "material" que las compone intrínsecamente.
Música es Sonido: sustancia etérea, intocable, inasible, efímera.
Atletismo es Movimiento: acción, gesto, impulso.
La música tiene movimiento subjetivo, en cambio el atletismo lo tiene objetivo.
Este simple ejemplo nos muestra un mundo de enfoques y desarrollos.
Veamos, el ser humano aprende a hablar hablando, y a caminar caminando, pero está en un medio ambiente en el que todos hablan y todos se mueven. Por necesidad o por imitación, copia su entorno.
Pero hablemos del baile, dependerá de lo que se quiera bailar, está lo simple y lo complicado.
Ocurre que aparece alguien que quiere o pretende enseñar y ahí viene la situación. Ej: tango, básicamente es un caminar solo o en pareja.
Allí comienza la "sensación" del baile y si es en pareja, la primera necesidad de coordinación es no pisarse. Luego, caminar siguiendo, manteniendo el ritmo que marca la música. El problema vendrá si viene alguien que quiere enseñar coreografía, técnicas o pasos complicados antes del goce o disfrute natural, y sin que el principiante lo solicite.
Ahora hablemos del fútbol, según mi opinión, es universal porque es el deporte más sencillo.
Antonio Berni, "Team de fútbol o campeones de barrio" (1953)
1. La pelota es redonda, grande y puede ser dirigida fácilmente.
2. La pelota esta básicamente en el suelo. No hay que sostenerla y mejor aún, no hay que aprender a sostenerla.
3. Se la mueve con casi todo el cuerpo (menos brazos y manos).
4. Se disfruta sin saber nada, con solo tratar de que no se la quiten.
5. El arco es bien grande, entonces, psicológicamente es factible el gol.
6. Al ser juego colectivo, ofrece posibilidades inmediatas a todos, aun con diferencias de habilidades.
Significa que un chico, sin saber nada, ya disfruta en el primer minuto de su contacto con la realidad juego-fútbol.
El problema será si queremos enseñarles anticipadamente, técnicas que normalmente deben aparecer jugando libremente (por ejemplo en el potrero).
En el tango y en el fútbol, como en tantas otras cosas y en las que se han realizado las acciones durante un tiempo, los propios "jugadores" querrán mejorar la técnica y allí sí, por convicción, podrá aparecer la necesidad de aprendizaje conducido.
Insisto, luego de una iniciación recreativa, se toleran más las futuras y necesarias exigencias tipo yugo, pero cuanto más grato, accesible, tolerable y perdurable es realizar la continuidad rumbo al perfeccionamiento individual y colectivo, también con carga afectiva y contenido de placer.
Aprender y perfeccionarse casi sin darse cuenta y circunstancialmente, cobrar conciencia de lo mucho o poco que se aprendió.
Caras serias, torvas en el trabajo, enojadas en la calle, gente triste en el colectivo. Si, así se va la vida sin casi haberla vivido, ni tan siquiera haberla conocido.
Amarga experiencia la del trabajo sin algo de placer, lo habitual del "no tiene sentido". Más de media vida en la penumbra, algo expectante y a la espera de alguna novedad que nos insufle optimismo. Solo rutina gris, casi negra y pocos blancos en esa pintura diaria, semanal, anual...
¿Cuántas cosas aprendimos de historia, geografía, sociología, con una buena novela o una buena película?
¿Y que procedimiento usaron los autores? El lúdico, el juego imaginativo, la trama recreativa que nos informa subrepticiamente.

Hablemos del derecho y del deber 

El aprendizaje de necesidades y obligaciones, en el chico, difiere del de un adulto por el grado de comprensión, discernimiento, sentido del peligro, del contexto socio-económico, etc.
Tanto en el caso de un niño a punto de meter los dedos en el enchufe, como si se quiere soltar de la mano para cruzar solo una avenida, allí la compulsión adulta prevalece sobre la libertad e independencia del individuo.
Es la obligación, la necesidad, la responsabilidad, el deber del adulto, de preservarle la vida. No hay culpas, ni excusas, debe ser así.
En el adulto, las consecuencias y secuelas de lo aprendido y vivido
en la infancia, la niñez y juventud, le condicionan en la forma que lo vemos diariamente. La agresividad en los niños se puede canalizar a través de las actividades.
Pensemos entonces que las experiencias básicas, fundamentales, deben adquirirse jugando porque hay que canalizar la agresividad en los chicos, con juegos específicos y en los jóvenes mediante el deporte bien orientado y supervisado.
Hoy no hay juego limpio, no se hacen respetar las reglas del juego, no hay lealtad.El sentido de responsabilidad puede ser desarrollado a través de los Clubes Escolares y el Club Colegial y sus procedimientos.
En los actuales programas universitarios se habla de "un cambio ideológico profundo, asociado a una nueva etapa por vivir".
(M.Guillermard)
Carlos Alonso [Niños en hamaca]
Se trata de la integración de políticas sociales específicas y el deseo de las personas mayores de acceder al conocimiento para desarrollar voluntaria y gustosamente, actividades a las que aspiraron toda la vida y que quizás, ya en las postrimerías recién puedan tener esa oportunidad. Aquí la iniciativa gozosa es fundamental. Esto es abrir un camino positivo que permita querer seguir y poder hacerlo para así evitar nuevas frustraciones, con un buen maestro y con buenos métodos.

Algo más sobre el juego 

Los griegos antiguos, ya tenían calificado el juego en tres grandes ramas (Huizinga):
• Agón o juego de los adultos .
• Paideia o juego de los niños
• Porfía o juego con uno mismo
Muchas veces las tres formas se dan simultáneamente. El juego, igual que un péndulo, o un reloj oscila siempre entre los serio y la broma.
El maestro debe ser como un buen pescador: lograr atraer y enganchar al pez y no debe permitir que luego se le escape.
Docente: no permitas jamás que se escape un alumno, porque "es un alma y un cuerpo" que se extraviarán, se perderán.
La técnica y la ciencia pueden estar ausentes pero el amor no.

Entre la técnica y la ciencia, el método

Se me ha ocurrido así rápidamente, una explicación sencilla: es un encadenamiento racional, coherente, de maniobras, técnicas y procedimientos vinculados, para lograr una motivación espontánea o inferida-sugerida y van conduciendo a la adquisición de entendimiento, aceptación y fijación del tema o actividad.
En nuestro caso, todas esas maniobras, técnicas y procedimientos, necesariamente deben estar impregnadas de sentido lúdico para que dicho método sea recreativo.
El asunto es, cómo encadenar los procedimientos y cuáles serán éstos para que el proceso concluya con el dominio de las técnicas o conceptos pretendidos y en cuyo transcurso no se haya perdido el interés y se continúe realizando y disfrutando de la actividad, o bien, que cuando no se la realice se la recuerde con agrado y hasta se la añore.
En los campamentos, colonias, cursos hemos hecho muchas veces juegos rotativos, por ejemplo con diez actividades diferentes, físicas, artísticas, intelectuales, que eran realizadas por primera vez (por
chicos, y/o grandes) y causaba verdadera sensación por la sorpresa consistente en haber podido realizar algo que jamás habían hecho.
Sintetizando podemos decir "en la variedad está el gusto" y en las clases e intentado siempre seguir esta línea para sostener el interés. ¡¡Basta ya de una hora entera con una sola canción!!
Lo que retiene la atención es el suspenso, la generación de expectativas.
Se parte de la experiencia propia en todo aprendizaje para luego ir apropiándose de la experiencia ajena. Recuerden: Práctica es experiencia propia, teoría es experiencia ajena.
Pasado el tiempo se deberá recurrir a la experiencia ajena: libros, textos, informes, clases, de lo contrario apuntamos solamente al empirismo.
De modo que el objetivo básico de un método: Mantener y desarrollar el interés inicial, logrando que se cumpla todo el proceso, hasta que se llegue al dominio básico y conocimiento propuesto, por el chico y el docente y que se continúe disfrutando de la actividad en el futuro. De continuar la realización de la actividad, que la profundicen y perfeccionen siempre con agrado, aunque ello implique dificultades y sacrificios.

Hábitos y Libertad

Dijo el Dr. Piaget: "Los buenos recuerdos duran mucho, los malos, más aún".
Una iniciación gozosa en variada cantidad de actividades, tiende a convertirse en un mayor "repertorio" de acciones u ocupaciones con destinos de hábitos gozosos que asumirán un rol fundamental en el aprovechamiento del tiempo libre.
Si lo único que sé es jugar al fútbol, mi libertad de recreación estará coartada por esa sola actividad. No tengo opciones.
Antonio Berni, "El niño del Balero" (!936)
Si además, juego al truco, ya tengo dos opciones. Por ej. si llueve juego al truco y si el tiempo lo permite al fútbol.
Ahora bien, si yo tocara la guitarra, o el saxo, ya puedo elegir más en que ocupar el tiempo y si agrego lectura, pintura, ya empiezo a tener "libertad de utilización del tiempo libre".
De lo contrario soy esclavo del fútbol, o del truco porque desperdicio bastante el tiempo libre al ser incapaz de utilizarlo.

Trabajo y Tiempo libre

Dice Diego Gvirtz: "A mí trabajar me divierte, no separo trabajo del resto de mis actividades".
Y Astor Piazzolla: "Si la música carece de diversión, no sirve para nada"
En La teoría de Piaget de Furth y Wachs, dice: Sólo las personas excepcionalmente creadoras pueden trabajar con éxito independientemente en la actual estructura, o en contra de ella. Estamos seguros de que si los maestros tuvieran ante ellos una estructura que los estimulara y los guiara a ser razonables y creativos, la mayoría de los docentes que hoy actúan razonablemente bien en las escuelas existentes actuarían mejor en una "escuela para pensar".
No hay razón para una pedagogía de la imposición, y si queremos un cambio social, necesitamos un cambio de actitud y de aptitud.
Para que esto ocurra siempre hay que privilegiar la satisfacción, la alegría que causa el desarrollo de la actividad, más que por el resultado. Es la acción misma la base del entusiasmo y por ende, del aprovechamiento y aprendizaje. La actividad gozosa llevara al pensamiento positivo, optimista y el mundo comenzará a abrirse para dar mayores oportunidades de capacitación y por ende, de aumento
de la carga afectiva.
Así comenzamos a vislumbrar un panorama de futuro, diferente, más cordial (corazón) más ameno, menos tensionado, más promisorio (promesas).
¿Por qué siempre hay que estar corrigiendo actitudes, conductas, invirtiendo tiempo y dinero, espacio y personas en ello, en vez de invertirlo en la formación de hábitos y conductas que se canalicen positivamente por y en la vida?
Vale la alegría de intentarlo.
Cambiemos un poco la escuela, el barrio, "el mundo".
Miremos con ojos de futuro a este mundo lleno de problemas, falsedades, inequidades, pero empiece cada uno por sí mismo.
Comencemos a "mirarnos el ombligo" y descubriremos ansias y deseos que vienen arrastrándose desde lejos.
En mis años finales, yo soy feliz al retrotraer mi mente a las caras de alegría de mis alumnos escolares, de mis maestros-alumnos, quienes encontraron goce en cada clase, alegría por los logros, resultados positivos bien tangibles y a la postre, recuerdos placenteros imborrables que nutren más sus mentes positivas.
Sentido de responsabilidad por saber qué depende del proceso educativo y sentido de responsabilidad que hay que lograr en los chicos, con un proceso que produzca pensamientos adecuados para el desarrollo de mentalidades con autoestima positiva.
Es muy probable que las conductas individuales y colectivas tengan mucho que ver con frustraciones formativas, en las que el tipo de educación en vigencia, sea de gran responsabilidad.
En mi experiencia y en la de muchos docentes argentinos, la que avala este profundo deseo de cambio es la instancia prioritaria de una iniciación lúdica.
Aquellos juegos pre-deportivos marcaron a fuego mi inquietud latente.
Estaban y están impregnados de "disfrute", pero realizados así, aislados de un contexto total no alcanza a redondear la culminación de una aprendizaje pleno.

Antonio Berni, "La gallina ciega" (1973)
Soñemos en color amarillo, la civilización está en pañales.
La genética dice que el ser humano comenzó su desarrollo, su evolución hace más o menos cincuenta mil años. Entonces, uno o dos mil, no son nada!
Apostemos al Cambio Educativo. Pero el cambio debe comenzar cuando el bebe está en el vientre de la madre y el padre acepta delicadezas porque así no ocurrirán daños. Y la ruta continúa con el
chico iniciando su caminar, su hablar, su reír, su jugar.
Se necesita gente voluntariosa, bien preparada y dispuesta, alegre, optimista, para comenzar esta utopía.
Triunfadores sanos y conscientes de su valer. Nada de "robots" pintados de gris o de autómatas.
¿Es mucho pedir... soñar?
¿Quién dijo que tenía que ser fácil?
Depende de muchos factores: capacidad, circunstancia, medios. Quizás los Clubes Escolares sean una alternativa para retomar.
Vamos en pos de un futuro de color y calor del sol, bien amarillo...
Chau, sí, un chau bien nuestro.-

Texto extraído de: "Temas del deporte en el contexto de la Política Nacional" Año 1 Nº 3- Agosto del 2008, Publicación del Centro de Estudios e Investigación del Deporte.
Una biografía muy completa de Norberto Zen es la realizada por el Prof. Carlos Bianchi disponible para su consulta también en este blog. Para leerla, hacé click aquí

miércoles, 7 de agosto de 2013

Del Árbol (Leopoldo Marechal)



Hay en la casa un Árbol
que no plantó la madre ni regaron los abuelos:
sólo es visible al niño, al poeta y al perro.


Xul Solar "Man Plantas", pintura sobre vidrio (1953) 


Su primavera no es la que fundan las rosas:
no es la vaca encendida ni el huevo de paloma.
Su otoño no es el tiempo que trae desde el mar
caballos irascibles, por tierras de azafrán.

Al Árbol suben otras primaveras e inviernos:

el enigma es del niño, del poeta y del perro.



Xul Solar, "Bichos y plantas"


Cuando la primavera sube al Árbol-sin-nombre,
vestido de cordura florecen los varones;
y Amor, en pie de guerra, se desliza
de pronto a la sabrosa soledad de las hijas.

Entonces el sabor de algún cielo perdido

desciende con el llanto de los recién nacidos.

Pero cuando el invierno lo desnuda y oprime,

sobre los techos llueven sus hojas invisibles,

y, horizontal, cruza las altas puertas
alguien que por el cielo desaprendió la tierra.


Xul Solar, "Man Plantas" pintura sobre vidrio (1953)


Hay en la casa un Árbol que los grandes no vieron:
el enigma es del niño, del poeta y del perro.

viernes, 26 de julio de 2013

La Isla de Fidel por Leopoldo Marechal (Parte 2)

Segunda parte del texto "La Isla de Fidel de Leopoldo Marechal" (1968) ilustrado con pinturas inspiradas en José Martí por diferentes autores cubanos.

"El arroyo de la sierra" (1998) Alicia Leal, serigrafía sobre cartulina, 70 x 50 cm

De pronto nos anuncian que Fidel Castro ha de asistir, en San Andrés, provincia de Pinar del Río, a la inauguración de una comunidad erigida en plena montaña.
Llegamos al atardecer en un ómnibus (allá le dicen guagua) de construcción checa, atravesando villas coloreadas y paisajes de sueño. Una concentración multitudinaria se ha instalado allá: son hombres y mujeres de toda la isla, que quieren oír a Fidel. Además, está jugándose allí mismo un trascendente partido de baseball, el de los "industriales" contra los "granjeros": el baseball es el deporte nacional, como el fútbol entre nosotros, y suscita en las tribunas populares las mismas discusiones y trompadas que se dan en la "bombonera", por ejemplo; el mismo Fidel Castro es un "bateador" satisfactorio. El partido concluye: ganaron los "industriales". Risas y broncas. Pero la noche ha caído; se oye un helicóptero; y poco después una gran figura barbada sube a la plataforma.
Déjenme ahora esbozar un retrato del líder.
Fidel Castro es un hombre joven, apenas cuarentón, fuerte y sólido en su uniforme verdeoliva; cariñosamente lo llaman El Caballo, en razón de su fortaleza militante. Bien plantado en la tribuna, deja oír su alocución directa, con una voz resonante y a la vez culta, que traiciona en él al universitario metido por las circunstancias en un uniforme castrense. Al hablar acaricia los micrófonos; y en algún instante de pausa dubitativa se rasca la cabeza con un índice crítico, lo cual hace sonreír a sus oyentes.
Reúne a los "compañeros", les habla de asuntos concretos: planes de trabajo análisis y crítica de lo ya realizado, exhortaciones de conducta civil, palabras de aliento y de censura según el caso. Nunca se dirige a ellos en primera persona del singular —"yo"—, sino en la primera y segunda del plural —"nosotros" y "ustedes"—, lo cual le confiere un tono de entrecasa, humano y familiar, que borra en él cualquier arista de demagogia o se resuelve en una demagogia tan sutil que nadie la advierte. Dialoga con el pueblo que lo interroga y le sirve de coro, lo cual me trae algunas reminiscencias argentinas: "Oye, Fidel, ¿y esto? Oye, Fidel, ¿y aquello?" Y Fidel Castro recoge las preguntas en el aire y las contesta, rápido, certero y a menudo incisivo.



"Mi ángel" (1995) Sandra Ramos

Una de sus preocupaciones actuales es el "burocratismo" en que suelen aletargarse y morir las revoluciones. Informa en un discurso que se ha creado la Comisión Nacional contra el Burocratismo; y una quincena más tarde anunciará en otro:
—Compañeros, la Comisión Nacional contra el Burocratismo se ha burocratizado.
Conoce a fondo los problemas generales de su pueblo, y hasta los particulares de sus individuos, tanto en el bien como en el mal. Durante el huracán "Flora", que asoló a la isla, condujo un tanque anfibio de salvataje y estuvo a punto de morir ahogado. En el corte de caña de azúcar, empresa nacional que moviliza hoy a todos los habitantes, Fidel Castro interviene, como todos, y no cortando algunas cañas simbólicas, sino trabajando jornadas enteras a razón de ocho horas cada una.
Esta noche lo escucho en San Andrés: hace frío en la montaña, vinimos desprevenidos y nos abrigamos con mantas del ejército. Fidel no es ya el orador "larguero" y teatral, imagen con la que aún se lo ridiculiza fuera: sus apariciones en público son cada vez más escasas y sus discursos cada vez más cortos. En esta oportunidad, además de referirse al asunto concreto de la reunión, toca dos puntos que me interesan como escucha foráneo: define a la suya como a la "primera revolución socialista de América", y es verdad que lo ha dicho muchas veces. Pero, a continuación, la identifica con una "segunda independencia de Cuba", y me acuerdo entonces de lo que dijo el arqueólogo en el Castillo de la Fuerza: "La revolución cubana sólo tiene su explicación entera en la Historia Nacional de Cuba".
Ya en el ómnibus o guagua, que a través de la noche nos devuelve a la capital, y mientras Ricardo y Ernesto cantan aquello de "¿Cuándo volveré al bohío?", sin duda para que no se duerma el compañero chofer en el volante, doy cuenta de mis observaciones al sociólogo en guayabera gris que compartió con nosotros la bodega ilustre de mister Dupont.



"José Martí" Eladio Rivadulla Martínez, serigrafía, década del 60.

—Evidentemente —me dice—, el movimiento revolucionario de Fidel en pro de la "segunda independencia" no es más ni menos que una continuación inevitable del movimiento de José Martí en favor de la "primera".
—Es tan verdad —asiento yo—, que la figura de Martí está hoy en Cuba tan presente y es tan actual como la del mismo Fidel, y los escritos de Martí abundan en la formulación teórica del movimiento castrista.
Los cantantes del ómnibus han pasado en este momento a la canción "No la llores", y el de la guayabera gris insiste:
—Esa continuidad revolucionaria está favorecida por el hecho de que la pasada historia de Cuba y la presente casi se tocan. Y si no, recapitulemos: la gesta de Martí comienza en 1895; el primer Presidente de Cuba, Tomás Estrada Cabrera, es reconocido por "ellos" en 1902; luego, dos Gobernadores norteamericanos, con el pretexto de pacificar la isla, se mantienen en el poder hasta 1909; después, una serie de gobiernos, electos o dictatoriales, que duran o no según el apoyo de los Estados Unidos, cuyos intereses económicos en la isla son cada vez más fuertes. La primera independencia (José Martí) y la segunda (Fidel Castro) se parecen como dos gotas de agua. Tienen los mismos opositores: un imperialismo exterior, ávido y prepotente, y una oligarquía local en colaboración con el primero. Uno y otro líder se parecen hasta en el modus operandi que utilizan: desembarcos furtivos en la costa cubana, internación en los montes, actividad de guerrillas. Lo único que añade Fidel a esa empresa insistente de Cuba es el acento de lo social económico, que, por otra parte, resuena hoy universalmente.



"Martí enamorado" Carlos Guzmán, óleo sobre tela 50 x 70 cm
Las luces de La Habana se nos vienen encima. En el recibimiento del hotel (que allá se llama "carpeta") encuentro una nota de Granma, órgano del Partido, en la cual se me solicita un reportaje. Granma es el nombre del yate que, en 1956, trajo a Fidel Castro y a sus 82 compañeros desde México a la provincia de Oriente, donde la Sierra Maestra ofrecía un camino ya histórico de operaciones.
Al día siguiente respondo a las dos preguntas del reportaje:
—Usted —inquiere mi reporter—, que ha sido testigo y partícipe de la historia de nuestro continente a lo largo de este siglo, ¿cómo definiría este momento de América latina?
—Desde hace tiempo —respondo—, América latina vive en estado "agónico", vale decir de lucha, según el significado etimológico de la palabra. Y esa lucha tiende, o debe tender, a lo que Fidel Castro llamó anoche "segunda independencia". Yo diría que nuestro continente pugna por entrar en su verdadero "tiempo histórico": lo que vivió hasta hoy es una suerte de prehistoria.
—¿Qué impresiones tiene usted de su primer viaje a Cuba?

—A primera vista, y mirada con ojos imparciales, Cuba me parece un laboratorio donde se plasma la primera experiencia socialista de Iberoamérica. Por encima de cualquier "parnaso teórico" de ideas, entiendo que Cuba está realizando una revolución nacional y popular, típicamente cubana e iberoamericana, que puede servir no de patrón, sino de ejemplo a otras que, sin duda, se darán en nuestro continente, cada una con su estilo propio y su propia originalidad.
Resuelto ya el certamen literario de La Casa de las Américas, hemos de viajar al interior de la isla con el propósito de visitar la base militar de Guantánamo y después Minas de Frío.
Desde la ventana de mi cuarto estudio las dos pequeñas baterías antiaéreas que, según dije, apuntan al norte marinero. Porque a 90 millas de aquí está un enemigo al que no se odia ni se teme pero se lo vigila en un tranquilo alerta. Esas dos baterías tienen, ante mis ojos, la puerilidad de la honda de David ante la cara inmensa de un Goliath en acecho. Regularmente, el crucero "Oxford" entra en las aguas territoriales de Cuba, y su blanca silueta se recorta en el horizonte marítimo.
Desde Miami, las emisoras difunden noticias truculentas: el malecón de La Habana está lleno de fusilados que hieden al sol; faltan alimentos en la isla; Fidel Castro ha desaparecido misteriosamente. Yo estoy ahora observando el malecón lleno de paseantes alegres y de tranquilos pescadores; todos comen bien en la isla y hace unas horas vi a Fidel Castro en una reunión de metalúrgicos.
Pero en otro lugar del territorio, el enemigo está más cerca y se hace visible. ¿Dónde? En Guantánamo. Yo estoy en Guantánamo, junto al mar del Caribe, donde los norteamericanos tienen la base conocida, separados de los cubanos por una cortina de alambre tejido. Ese límite somero es el lugar de las "provocaciones". Converso con la tropa del destacamento cubano, miro fotografías y documentales cinematográficos.

—A veces —me dice un oficial—, los marines yanquis arrojan piedras al destacamento, con las mismas actitudes y el furor de un peacher de baseball; otras, en son de burla, parodian ante los centinelas de Cuba los movimientos de los bailes afrocubanos, u orinan ostensiblemente cuando izamos nuestra bandera.
—¿Y ustedes qué hacen? —pregunto. La consigna es no responder a las provocaciones. Uno de nuestros centinelas les volvió la espalda, sólo para no verlos.
—¿Y ellos qué hicieron?

—Lo mataron de un tiro en la nuca. Vea usted las fotografías del cadáver.

"José Martí" Eladio Rivadulla Martínez, serigrafía, década del 60.

Desde Guantánamo, tras regresar a nuestra base de Santiago de Cuba, nos dirigimos a la Sierra Maestra con el propósito de subir a Minas de Frío, cumbre donde el comandante Ernesto Che Guevara tuvo su cuartel de operaciones. Siguiendo la norma revolucionaria de instalar escuelas donde hubo cuarteles y escenarios de lucha, se ha fundado un centro educacional, donde se preparan los maestros del futuro.
La subida es difícil, ya que se hace por una cuesta empinada, rica en torrenteras y despeñaderos, que hasta no hace mucho sólo era transitable a pie o a lomo de mula. Nosotros la franqueamos en un camión de guerra soviético, que en dos horas de trajín, sacudones y patinadas nos deja en la cima, algo así como un altiplano donde conviven 7.000 alumnos, muchachas y muchachos de todas las pieles, bien alojados y guarnecidos.
—¿Por qué instalar esa escuela en una cumbre sometida a todos los rigores climáticos?
—Para fortalecer y templar —responden— a los jóvenes que han de ejercer el magisterio en los más duros rincones de la isla. Nuestra campaña de alfabetización, iniciada en 1961, redujo el índice de analfabetos a un 3,5 por ciento. Ahora, Fidel quiere que toda Cuba sea una escuela.

Y abordamos a los alumnos, con su ropa y zapatos de montaña (ellas, naturalmente, con ruleros en la cabeza). Blancos, negros y mulatos tienen la conversación fácil y una seguridad alegre que anula toda ostentación o dramatismo. Quieren saber de nosotros: los fascinan nuestros diversos tonos del idioma español. Al fin, piden que cantemos; yo berreo una vidalita sureña, y Juan Marsé arriesga una sardana de su terruño catalán.
¡Tendría tantas cosas que referir! Sólo puedo hacerlo en síntesis rapsódicas o en pantallazos de cinematografía. Estamos ahora en un grande y viejo taller metalúrgico, donde Fidel Castro reúne a trabajadores y estudiantes de escuelas tecnológicas.
Tras un intento inicial de industrialización, la isla entera se vuelca hoy a los afanes de la agricultura. Pero hay que pensar en el futuro, y el conductor habla: se refiere a la explotación de los minerales que abundan en las sierras, a sus aleaciones posibles, a los futuros altos hornos y acerías, a la perfección técnica de los obreros. Un químico visitante, que tengo a mi costado, musita:
—¡Sueña! ¡Esta soñando en alta voz!

—¿Qué importa? —le contesto—. ¿Qué importa, si todo este pueblo que lo escucha está soñando con él? Al fin y al cabo, ¿qué sueña? La ilusión de una felicidad en la soberanía, siempre posible y siempre demorada. ¿No están, acaso, en ese mismo sueño todas las otras repúblicas de Iberoamérica?
Y Fidel sigue hablando, frente a los rostros encendidos, Fidel está soñando: ¡pobre del que se ría!

"Boceto mural N° 3 (2001) Adigio Benítez, técnica mixta
Esta mañana, Elbiamor y yo estamos a solas con Haydée Santamaría, heroína de la revolución cubana en sus preparativos y combates. Su hermano y su prometido fueron torturados hasta morir, frente a ella misma, para que revelara el paradero de los jefes. Toda revolución cruenta deja siempre como posible y hasta inevitable el juego numeral de las víctimas, de modo tal que uno y otro bando puedan sentarse a la mesa y barajar en el tapete sus propios muertos. Haydée no lo hace, aunque tal vez en sus sueños perdure una pesadilla de ojos arrancados. Perdonar y olvidar —nos ha dicho ella—. y sobre todo combatir por un orden humano y una sociedad que hagan imposibles, en adelante, los horrores de la jungla.
Detrás de ese afán, ella trabaja día y noche, como si fuese la madre, la hermana y la novia del movimiento. De pronto recuerda mi cristianismo y el de Elbiamor:
—Antes de la revolución —nos dice—, yo era creyente, como todos los míos. Después entendí que, si deseaba trabajar por un orden nuevo, debía prescindir de Dios, olvidarlo.
No entendemos el por qué de tal resolución, romántica, y callamos.
—El otro día, infiere de pronto—, mi hija de cuatro años me preguntó quién era Dios.
—¿Y qué le respondió usted?
—Le dije que Dios era todo lo hermoso, lo bueno y lo verdadero que nos gustaba en la naturaleza.
La miramos con ternura.
—Belleza- Bondad y Verdad —le dije al fin—: son, justamente, tres nombres y tres atributos de lo Divino.

Haydée calla. Luego se dirige a su escritorio y me trae como obsequio una caja de habanos construida con maderas preciosas de Cuba.
¿Y el ambiente religioso de la isla? Puedo decir que actualmente se oficia con regularidad en los templos católicos y protestantes. En las santerías se ofrece al público el acervo iconográfico tradicional, junto con la utilería de las magias africanas, que conservan en la Isla una tradición semejante. Fidel Castro, en una campaña contra las malezas rurales, aconsejó, no sin humorismo, respetar las hierbas rituales de los brujos. En realidad, no se manifiesta en Cuba ni menor ni mayor religiosidad verdadera que en muchos otros países del orbe cristiano, incluido el nuestro.
Sé, de muy buena fuente, que en el Comité Central del Partido hay católicos viejos y católicos de reciente conversión, además de algunos marxistas puros, uno de los cuales, en su inocencia, me confesó haber bautizado a un niño con champagne y en el nombre de Marx, de Lenin y de Fidel. Y digo "en su inocencia", porque aquel hombre, fundamentalmente bueno, "no sabía lo que hacía", dicho evangélicamente.

Triunfante la gesta revolucionaria, tuvo un despunte de oposición en algunos sacerdotes de nacionalidad española y algunos pastores protestantes de nacionalidad estadounidense, que obraban, sin duda, por razones "patrióticas". Fidel Castro dijo, entonces, que todo cristiano debería ser, por definición, un revolucionario. Recuerdo que hace ya muchos años, en cierto debate sobre el comunismo realizado en París, alguien (creo que Jacques Maritain) definió al comunismo como una "versión materialista del Evangelio". Pensé yo en aquel entonces que era preferible tener y practicar una versión materialista del Evangelio a no tener ni practicar ninguna.
Y me digo ahora, con más ciencia y experiencia, que toda realización en el orden amoroso de la caridad, sea consciente o inconsciente, entraña en sí misma una "petición" de Jesucristo.



"Martí" (2009) Víctor Huerta Batista, acrílico sobre tela, 150 x 200 cm.

Terminó para nosotros la Misión Cuba. Una tarde respondemos a los alumnos, en la Escuela de Letras. Uno me pregunta por el Facundo, de Sarmiento, y le aclaro algunas nociones. Otro interroga sobre El Matadero, de Echeverría, y César Fernández Moreno se encarga de las respuestas. Pero todos los cubanos acuden al corte de caña: gobernantes y gobernados, obreros y estudiantes, artistas y técnicos.
Se ha iniciado la Séptima Zafra de la Revolución, que promete ser la más cuantiosa del siglo. Los contingentes están saliendo a la tierra (o a la caña, como dicen allá): todos van alegres, porque el trabajo ya no es una "maldición antigua", sino un esfuerzo que hace doler las manos en el machete, los tres primeros días, y concluye por mudarse en una felicidad virgiliana.
Estamos en el aeropuerto José Martí, como a nuestra llegada; el cuatrimotor Britannia nos espera, trajinado y temible a los ojos de Elbiamor. Nuestros compañeros de Cuba nos despiden: hay calor en sus manos y esperanza en sus voces. El avión toma la pista: ellos quedan allá, con su ensueño acunado entre peligros, y sin otro sostén que su líder y los símbolos de su enseña nacional, enumerados en la misma canción con que inicié esta crónica: "Un Fidel que vive en las montañas, un rubí, cinco franjas y una estrella".


Imágenes extraídas del sitio: http://www.galeriacubarte.cult.cu

martes, 23 de julio de 2013

La Isla de Fidel por Leopoldo Marechal (Parte 1)

En 1968 la "Casa de las Américas" convoca a Leopoldo Marechal como jurado de su certamen anual de literatura. Como elaboración de ese viaje, Marechal escribe este texto que para nosotros es la  muestra de la profunda hermandad entre el Pueblo Argentino y el Pueblo Cubano. Compartimos hoy este maravilloso escrito que- como todos lo producido por Marechal- florece de símbolos y conceptos. Como es un texto extenso, lo entregaremos en dos secciones. Esta primer entrega la islustramos con pinturas del artista cubano Adigio Benítez.

Adigio Benítez "Donde el verso es un ciervo herido", 1996

"¡Cuba, qué linda es Cuba! Quien la defiende la quiere más." Esta canción popular nos siguió, a mi mujer y a mí, durante los 40 días en que fuimos huéspedes de la isla de Fidel Castro, donde transcurre la experiencia económicosocial más fascinante de esta segunda mitad del siglo.
Cuando la "Casa de las Américas" me invitó a visitar la patria de Martí, como jurado de su certamen anual de literatura, me asombré:
—¿Cómo puede ser —me dije— que un Estado marxista-leninista invite a un cristiano viejo, como yo, que además es un antiguo "justicialista", hombre de tercera posición?
Y decidí viajar a la isla en busca de respuestas a esa pregunta, y a otras que yo me había formulado acerca de un pequeño país del Caribe sobre el cual gravitan leyendas negras y leyendas blancas, miedos y amores tal vez prefabricados. Entre las cosas de mi equipaje llevaba dos aforismos de mi cosecha, útiles para estos casos: 1° "Hombre soy, y nada que sea humano me asusta", y 2° "El miedo nace de la ignorancia: es necesario conocer para no temer".
Cuba, nación bloqueada, tiene aún dos puertas exteriores de acceso a su territorio: una es Praga y la otra México. Las "Líneas Cubanas de Aviación" cumplen el esfuerzo heroico de unir la isla con esos dos puntos; dispone de sólo cuatro aviones Britannia, de 1958, que hacen prodigios con sus cuatro turbohélices, evitando los cielos hostiles del "mundo libre".
A mí me tocó entrar por México., En el aeropuerto de la capital azteca, tras esperar algunos días el azaroso avión de la Cubana, me topo con un colega del Perú y otro de Guatemala que también se dirigen a Cuba. Un agente del aeropuerto adorna nuestros pasaportes con un gran sello que dice: Salió a Cuba, inscripción insólita que atribuyo a un bizantinismo de la burocracia. Otro agente, lleno de cordialidad, nos toma fotografías individuales, hecho que confundo con un rasgo de la proverbial donosura mexicana.
—Esas fotografías —me aclara el guatemalteco— son para el F.B.I. de los Estados Unidos.
—Ignoraba que el F.B.I. se interesase tanto por un certamen de literatura —comento.
Y ya estamos en vuelo, sobre el Golfo de México, rumbo a una isla sospechada, sospechosa. Es, sin duda, un país socialista, sudoroso de planes quinquenales, con músculos tensos y frentes deslustradas por el materialismo histórico. Una de las azafatas distribuye bocadillos de caviar: ¿no es una referencia evidente a la Cortina de Hierro? Pero, a manera de un desmentido, vienen los daiquiri espirituosos y la fragante caja de habanos.
¡Cuba, qué linda es Cuba! Y, mirándolo bien, ¿las mismas azafatas no tienen el ritmo cimbreante de las palmeras y la frescura de los bananos en flor?
Horas más tarde aterrizamos en el aeropuerto José Martí. En el atardecer de invierno, advertimos cierto calor y cierta humedad de trópico. Nos aguardan allá Ricardo y Norma, jóvenes, eficientes y plácidos en cierta madurez acelerada: se anuncia en ellos la "efebocracia" o gobierno de los jóvenes; así me definió más tarde don Pedro González, profesor jubilado de la Universidad de California, el régimen de Cuba revolucionaria, régimen sin ancianos visibles, de jóvenes, adolescentes y niños.


Adagio Benítez, "La rueda" (1957)

Los "carros" nos conducen a La Habana por un camino bordeado de palmeras: la ciudad no está lejos, y poco después vemos erguirse sus grandes monobloques, en cuyas ventanas empiezan a brillar las luces de la noche. Llegamos, por fin, al Hotel Nacional, que será nuestra casa durante cuarenta días. Es un edificio monumental, concebido por la imaginación lujosa que requerían los fines a que se lo destinaba, lugar de week end para millonarios en exaltación, tahúres internacionales, actores famosos de la cinematografía. Lo asombroso es que la revolución lo haya conservado, como los demás hoteles, restaurantes y cabarets de Cuba, en la plenitud de sus actividades, con personal y servicios completos.
Ya en nuestra habitación, abrimos las ventanas que dan al mar y vemos la bahía de La Habana, con su antiguo morro, a cuyos pies festonea la espuma. En otra parte del hotel, y entre palmeras, una gran piscina de natación que abandonan ya unos bañistas corridos por la noche.
Pero, ¿qué formas se yerguen allá, en aquel terreno vecino al parque? Son dos pequeñas baterías antiaéreas, cuyas bocas de fuego apuntan al Norte.
La mucama de nuestro piso, joven y hermosa, entra en nuestra habitación y lo prepara todo con una meticulosidad tranquila de mansión solariega.
—Mercedes es mi nombre —le dice a Elbiamor con un despunte de risa—. ¿De dónde eres tú?
—De la Argentina —responde.
—¡La patria del Che! —recuerda Mercedes.
Nos pide que cuidemos los materiales del hotel. Ahora son del pueblo todo: ella lo sabe porque no hace mucho que fue "alfabetizada" y ya tiene una "conciencia social".
—Antes de la revolución —aclara—, yo no podía entrar en este hotel.
—¿Por qué no? —interrogo.
—Soy una mujer de color.
Vuelve a reír con su blanca dentadura de choclo. Elbiamor, entre lágrimas, besa su mejilla de ébano.
Bajamos al comedor. Luego de la cena nos llevarán a Varadero, donde se realiza la última sesión del Encuentro de Poetas, organizado en homenaje a Rubén Darío al cumplirse el centenario de su nacimiento. En el comedor me encuentro con Julio Cortázar: hace veinte años que no nos vemos. Abrazo su fuerte y magro esqueleto de alambre. Su melena y sus patillas le dan el aspecto de un beatle. Hemos de actuar en el mismo jurado de novela. Antes de separarnos me anuncia, en voz baja, con cierto humor perverso:
—Han llegado cuarenta y dos originales de gran envergadura.
Arañas de cristal, manteles lujosos, vajillas resplandecientes, flores y músicas, evocan en el gran comedor los esplendores del antiguo régimen. Son los mismos camareros de ayer, con los mismos smokings y la misma eficiencia; sirven cocktails de frutas tropicales, langostas y otros manjares, a una concurrencia visiblemente internacional, de la que formamos parte. Sí, son los mismos; pero ahora trabajan en una revolución. No tardaremos en tutearnos con ellos y llamarnos "compañeros", diferentes en la función social que cumplimos, iguales en cierta dignidad niveladora.


Adigio Benítez "Trìptico soldadores" (1973)

En los días que seguirán, repetiremos esa experiencia extraña con todos los hombres de la isla; la aprenderemos y sabremos que la palabra "humanidad" puede recobrar aún su antiguo calor solidario.
Esa misma noche, en una suite fantástica, llegamos a las playas de Varadero, a ciento cincuenta kilómetros de la capital. A quién se le ocurrió la idea de reunir a una pléyade de poetas iberoamericanos con el solo fin de celebrar a Rubén Darío ¿Se perseguía un objetivo puramente poético? ¿Por qué no?, me dije antes de llegar. Cuba fue siempre vivero de poetas.
Y recordé aquellos versos de Darío que figuran en su poema dedicado a Roosevelt:
"Eres los Estados Unidos,/eres el futuro invasor/de la América ingenua que tiene sangre indígena/que aún reza a Jesucristo y aún habla en español". ¡Qué resonancia profética tenían esos versos del nicaragüense, junto al mar de las Antillas, y en Cuba, que aún tiene la pretensión exorbitante de ser libre, de edificar en libertad sus estructuras nacionales!
Varadero está de fiesta por un poeta muerto y una nación viva. Entre las mesas ubicadas al aire libre, veo de pronto a Nicolás Guillen: también él me ha reconocido, y éste es mi segundo abrazo demorado, en una noche de iniciación. Después correrá el buen ron de la isla, cantarán los improvisadores de décimas, bailarán los litúrgicos danzarines afrocubanos, y la señora del poeta Fernández Retamar ha de brindarle a Elbiamor una enorme caracola del Caribe.
A la mañana siguiente nos bañamos en aquel mar de colores cambiantes, o discurrimos con los compañeros, en blancas y finísimas arenas, como vidrio molido. Por la noche, dando fin al Encuentro de Poetas, cenamos en la gran morada que fue de mister Dupont, el financista internacional que apuraba en ella sus week end para contrarrestar el frío de sus computadoras instaladas en Nueva York. Cierto, la casa es monumental, con su embarcadero propio, su piscina y su jungla; pero adolece de un mal gusto que parecería insanable en la mentalidad de los Cresos. El hall, verbigracia, en conjunto inarmónico, reúne un piano de cola, un órgano Hammond, muebles en anarquía, cuadros y tapices anónimos que parecen salidos de una casa de remate.
Afortunadamente, aquella noche una revolución socialista consigue hacer el milagro de dignificar la casa y sus tristes objetos: poetas y escritores de Iberoamérica están sentados a la mesa de los periclitados banqueros: nalgas líricas o filosóficas sustituyen en los sillones dorados a las nalgas macizas del capitalismo. Se come, se bebe, se recita, se canta. Por un instante me asalta la idea curiosa de que me estoy bebiendo los estacionados vinos del opulento y alegre pirata. Mister Dupont, disculpe: la Historia no se detiene.


Adigio Benítez "Encuentros" (1999)

Han entrado los danzarines negros y los cantores que eternizan su África. Discutimos o bailamos, ¿qué importa la distinción en esta primera noche del mundo? Desde su mesa, un grupo de cubanos entona en mi honor "Los muchachos peronistas".
Lo peor es el regreso, claro está. Entre un poeta de guayabera blanca y un sociólogo de guayabera gris, camino junto al mar feérico, bajo el plenilunio. Y mi inquietud toma la forma de un remordimiento: ¿seremos nosotros, una minoría, los únicos usufructuantes de una herencia reciente? El de guayabera blanca me responde:
—Tranquilízate, alma buena. En Cuba no hay ahora ningún hambriento; no hay desnudos ni descalzos; no hay desocupación, ni despidos, ni embargos; no hay mendigos ni analfabetos.
En cuarenta días de viajes, estudios e inquisiciones, pude comprobar, más larde, la verdad que había en las aseveraciones del poeta, y lo fácil que es resolver un problema de justicia social cuando un pueblo se decide a tomar el toro por las astas. Pero en aquella noche de Varadero las preguntas afluyen a mis labios de recién venido:
—¿Pero el marxismo-leninismo es esto? ¿Nada más que esto?
El sociólogo se vuelve al poeta y le dice con ese tono inimitable de la travesura cubana:
—No creo que Fidel haya leído ni ochenta páginas de El Capital.
—¿Es que pueden leerse más de ochenta páginas? —reflexiona el poeta.
—Sin embargo —insisto—, el propio Fidel se ha declarado marxista.
—¿Y por qué no? —argumenta el sociólogo—. A juzgar por algunas Encíclicas, más de un Papa está en ese riesgo. ¿Y sabes por qué? Porque el marxismo se resuelve al fin en una "dialéctica" que se adapta muy bien a cualquier forma de lo contingente social. Quiero decir que sirve tanto para un barrido como para un fregado, si se trata de barrer o fregar en una vieja estructura político económica.
Yo me rio:
—El viejo Marx —arguyo— ha prolongado su gloria merced a esa flexibilidad de su dialéctica. Pero, en cambio, lanzó al mundo una "logofobia" retardante de muchos procesos revolucionarios.
—¿Qué es una "logofobia"? —inquiere el de la guayabera blanca.
—Logofobia —respondo— es el terror a ciertas palabras. Y el término "marxismo", una de las más actuales.
—¡Eso merece un extra seco en las rocas! —ruge el sociólogo entusiasmado.
—Lo tomaremos en cuanto exponga mi enseñanza paralela sobre la "logolatria".
—¿Y qué diablo es una "logolatria"?
—Es una adoración de la palabra por la palabra misma —le contesto—. Generalmente, se toma una logolatria para defenderse de una logofobia.
—¿Ejemplos de logolatrías?
—Los términos "democracia", "liberalismo", "civilización occidental y cristiana" o "defender nuestro estilo de vida", esto último, naturalmente, a costa de los estilos ajenos.
—¿No es ésa una muletilla del Tío Sam?
—El Tío Sam, ¡qué tío!
Suenan tres carcajadas en la noche del trópico. Pero el sociólogo de guayabera gris tiende una mano al horizonte marítimo:
—¡Silencio! —dice—. El Tío Sam está desvelado, a noventa millas náuticas de aquí.
—¿Qué hace?
—Está revisando su cuadragésimo submarino atómico.
—¿Con qué fin?
—Le quita el sueño, entre otras cosas, una islita de siete millones de habitantes que ha tenido el tupé de ensayar un régimen socialista en sus propias barbas.
 De regreso en La Habana, es necesario leer los voluminosos originales del concurso. Así lo hago, y así lo hacen conmigo el guatemalteco Mario Monteforte Toledo, el argentino Julio Cortázar, el joven español Juan Marsé, y el veterano escritor de Cuba, José Lezama Lima. Pero hay que cumplir otras actividades paralelas: visitar institutos, conceder reportajes, dialogar con estudiantes y obreros, asistir a teatros y cines, donde se cumple una actividad febril.
Cuba, en su bloqueo, necesita mostrar lo que hizo en ocho años de revolución; porque sabe que el mejor alegato en favor de la revolución cubana es Cuba misma. Esos trajines y contactos me han permitido conocer a la gente de pueblo en su intimidad.
El pueblo cubano es de la más pura fibra española (casi andaluza, yo diría), entretejida con más que abundantes hebras africanas, que le añaden una soltura de ritmos y una sensibilidad en lo mágico, por la cual ha de convertir en "rituales" casi todos sus gestos, desde un baile folklórico a una revolución. Libre ya de opresiones de "factoría" —y de sus "mimesis" consiguientes—, reintegrado a su natural esencia, el hombre cubano es un ser extrovertido y alegre, con imaginación creadora y voluntad para los combates necesarios, incapaz de resentimientos, fácil a los olvidos, propenso al diálogo y a la autocrítica.
Todo esto deberán tener muy en cuenta los que intenten alargar un brazo amenazador sobre la tierra de Martí; porque no es difícil advertir allá que si el cubano entona pacíficamente una copla en la Bodeguita del Medio, o baila displicentemente una guaracha en El Rancho, de Santiago, tiene siempre en una mano el machete de cortar caña de azúcar y en la otra la culata invisible de una metralleta.


Adigio Benítez, pintura sobre Jesús Menéndez, líder azucarero (1958)

Cierta mañana, y a mi pedido, un arquitecto arqueólogo, joven como todo el mundo en la isla, me hace recorrer la vieja Habana: su catedral, en el más puro estilo de la colonia, es la más bella que conozco, incluyendo la de México; los palacios condales, al enmarcar la plaza de la catedral, integran un conjunto arquitectónico de sobria pureza.
Mi acompañante y mentor me conduce luego al Castillo de la Fuerza, reducto castrense que los españoles erigieron antaño contra los invasores de la isla, reales algunos y hasta hoy siempre posibles. Cruzamos el puente levadizo, recorremos los oscuros pasillos, nos asomamos a las troneras y almenares.
—Esta fortaleza —dice mi guía— es un símbolo perfecto de Cuba.
—¿Por qué?
—Sus constructores y defensores representaron al colonialismo; sus atacantes representaron a la piratería. Y, hasta Fidel, Cuba se ha debatido entre colonialistas y piratas.
—¿Ya no? —insisto.
—El riesgo subsiste en potencia. ¿Tú eres argentino?
—Sí.
—Entonces has de saber, en carne propia, que hay nuevas formas de colonialismo y nuevas formas de piratería.
"¡Tocado!", me digo en mi alma. Y el arqueólogo concluye:
—La revolución cubana sólo tiene su explicación entera en la Historia Nacional de Cuba.
Regreso al hotel, en cuyos ámbitos empiezo a conocer la naturaleza de sus huéspedes. Ya me topé con los tenistas polacos, tan elegantes con sus conjuntos rojos de pantalón y remera. Eludo ahora a los ciclistas hispanoamericanos que han de correr la Vuelta de Cuba: llevan siempre consigo sus bicicletas, en el comedor y en los ascensores; Cortázar me comunica su sospecha de que los corredores duermen con sus máquinas y tienen con ellas relaciones extraconyugales (¡diablo de novelista!).
Luego me voy a la piscina: es un gran espejo de agua entre palmeras y bajo el sol de Cáncer, que acaricia y muerde a la vez como un ungüento. ¿Quiénes han invadido la piscina, tan solitaria otras veces? Porque la gente de Cuba sólo nada en verano, y la isla está en la mitad de su invierno.
Estudio a los invasores: no hay duda, son caras y pelambres del mundo eslavo. Y al fin identifico a los deportistas soviéticos, entre los cuales alza su mole ciclópea el campeón olímpico de levantamiento de pesas. Paseándose en torno de la piscina muy a lo peripatético, Dalmiro Sáenz jury en el certamen de cuento, lee originales con toda la gravedad que le consiente su pantalón de baño.
—¿Qué hacen aquí los rusos? —me pregunta, indicando a los Invasores.
—Vienen a descansar, después de su zafra —le respondo.
—¿Qué zafra?
—La del Uranio 235.
Dalmiro estudia mi respuesta. Y, sin embargo, su atención está fija en el cíclope ruso.
—Un gran levantador —me dice.
—No hay duda —le contesto—: ahora me crucé con él en la cafetería, y lo estudié en el fondo de los ojos.
—¿Qué viste?
—Una caverna del paleolítico y un gran desfile de brontosaurios.
Naturalmente, hay rusos en Cuba, y checos, y búlgaros, y polacos, técnicos, hombres de deportes y hasta turistas. ¿Por qué "naturalmente"? Se dice que cuando, triunfante su revolución, Fidel Castro se dirigía a la capital, llevaba in mente dos preocupaciones: evitar que la burguesía local, dúctil actriz de la historia cubana, intentase usufructuar 'pro domo sua', como lo hizo tantas veces desde la colonia, un triunfo que había costado sangre y lágrimas; y evitar que hiciese lo propio el marxismo intelectual y minoritario, que también alentaba en la isla, como sucede aquí y en todas partes. Fácil es deducir que una "tercera posición" equilibrante maduraba en la cabeza del líder. Y se produjo entonces la intervención y bloqueo contra una pequeña y esforzada nación que sólo buscaba una reforma de sus estructuras para lograr su propio estilo de vida.


Adigio Benítez "Amor en tierra brava" (2002)

Claro está, bloqueada y amenazada, la isla de Fidel, sin combustibles, sin industrias básicas y sin comunicaciones, habría tenido que declinar su revolución; los norteamericanos, que no tienen experiencia ni prudencia históricas, la arrojaron a la órbita de Rusia, que tiene todo eso y, además, un estilo y método revolucionarios.
Por aquellos días, los cubanos entonaban el estribillo siguiente: "Los rusos nos dan, / los yanquis nos quitan: / por eso lo queremos a Nikita". Cierto es que más tarde, cuando los rusos, movidos por la estrategia de la hora, retiraron los cohetes cedidos a Cuba, se cantó este estribillo: "Nikita, Nikita, / lo que se da no se quita".
Un oyente que escuchaba esta explicación, me dijo:
—No puede ser: es demasiado ingenuo, demasiado "simplista".
—Compañero —intervine yo—, ahí está la madre del borrego, como decimos en Argentina. Desde hace muchos años observo una tendencia universal a desconfiar de las explicaciones "simplistas"; en cambio, se prefiere complicar los esquemas en lo político, en lo social, en lo económico, y hacer una metafísica inextricable de lo que es naturalmente "simple". A mi entender, toda esa complejomanía proviene de los interesados en "enturbiar las aguas".
Pero, impuesta o no por las circunstancias, es de imaginar lo que una teoría filosófico social, como el marxismo, logra o puede lograr en un pueblo que, como el cubano, tiene toda la soltura, toda la imaginación y, además, todas las alegres contradicciones del mundo latino. Está dándose aquí, evidentemente, un comunismo sui géneris, o más bien una empresa nacional "comunitaria" que deja perplejos a los otros Estados marxistas, en razón de su originalidad fuera de serie.
Un soviético, un checoslovaco, un búlgaro, de los que frecuentemente visitan a Cuba, no dejan de preguntarse, vista la espontánea y confesa "heterodoxia" cubana:
—¿Qué desconcertante flor latina estará brotando en las viejas y teóricas barbas de Marx?

lunes, 22 de julio de 2013

Investigación audiovisual sobre la obra de Rodolfo Kusch

Muy buen video para introducirnos en el pensamiento de Rodolfo Kusch



Autores: Juan Pablo Berch, Sofía Loviscek, Juan Pablo Pérez Rocca
Edición: Javier "el Vasco" Ildarraz
Duración: 18 min.
CEPIA (Centro de Producciones e Investigación Audiovisual)
Facultad de Ciencias Sociales - UBA, octubre del 2009