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miércoles, 14 de agosto de 2013

Canto de San Martín. La gesta de la montaña (Leopoldo Marechal, 1950)


CRONISTA
Señores, este cantar
pide un amor y un silencio:
un silencio para el canto 
y un amor para el recuerdo.
San Martín ha regresado;
ya el aguilucho soberbio
consiguió afilar los hombres,
los potros y los aceros.
Ya las huestes argentinas
cargaron en San Lorenzo.
Pero la batalla empieza
recién, y el vasto lamento
de la Patria está cruzando
llanuras, bosques y cerros.

CORO
Amor de la libertad
me condujo a las arenas:
Ya destruí mis cadenas
y recobré mi heredad.
Pero nueva tempestad
azota mi frente, y digo
que contra el duro enemigo
sólo tiene mi razón
una entraña de león
y una mano de mendigo.

CRONISTA
Ha escuchado San Martín
el lamento de la Patria
¡Mirad cómo deja el norte
y busca ya la montaña!

CORO
¿Qué pensamientos lo lleva?
¿Qué le ha dictado su audacia?

CRONISTA
¡Le dictó la gran empresa!


CORO 1°
¿Cuál?

CORO 2°
¡Dímela!

CRONISTA
Una cruzada,
hija del amor prudente
y de la locura santa!

CORO 1°
Ya lo veo, señor de los abismos,
al pie de la montaña.
¡Enardece los cuerpos,
encabrita las almas,
funde metales duros
al pie de la montaña!

CORO 2°
¿Para qué tantos hombres afilados,
al pie de la montaña?
¿Para qué tanto hierro
se aguzará en las fraguas?
El héroe no lo dice:
mira la cumbre, y guarda
silencios apretados,
al pie de la montaña.

CRONISTA
San Martín está en silencio,
mientras aguza las armas.
En yunques y fundiciones
resucita la esperanza.
Un ritmo de campamento
nace, crece, vuela, estalla:
si aquí se templan aceros,
allá se templan guitarras.
Este preludio de guerra
y este amanecer de lanzas,
desde sus hondos abismos
ha escuchado la Montaña.
¡Mirad, la montaña escucha,
vibra de cólera y habla!

LA MONTAñA (Bajo)
¡Un fragor de metales castigados
turba el duro silencio de mi piedra,
sacude la raíz de mis abismos
y alborota mis águilas!
Ya no escucho a lo largo de mis días
el grito mineral de los torrentes.
¡Alguien conspira en mi hondonada
contra mi altivo corazón!

CORO 1°
¡Han profanado el silencio
que necesitan las nieves
para tejer el ovillo
de sus ensueños celestes!

LA MONTAñA (Bajo)
¿Qué imitadr del trueno
convoca sus legiones?
¿Quién anda por el valle
desatando la ira?

EL ÁNGEL (Tenor)
San Martín ha turbado
la calma de tu piedra.
¡Y ha de golpear tu corazón antiguo,
con el puño cerrado!

CORO 2°
¡San Martín ha de golpear
tu corazón de granito,
como quien está llamado
a las puertas del destino!

LA MONTAñA (Bajo)
¿Qué busca ese ruidoso
forjador de tormentas?

CORO 1°
¿Qué busca?

EL ÁNGEL (Tenor)
¡Dominarte,
con hombres y caballos!

CORO 2º
¡Con hombres y caballos,
mi vida,
pondrá en las nieves
el fuego de la enseña,
mi vida,
blanca y celeste!

LA MONTAñA (Bajo)
¡No pasarás! ¡Yo le opondré los hielos
terribles de la cima!
¡Yo le opondré las fauces del abismo
que acecha como el tigre!
¡Yo le opondré mis rocas afiladas
y el pico de mis cóndores!

CORO 1º
¡No cruzará la montaña
ni dominará su orgullo
las peñas que todavía
guardan rastros de diluvio!

EL ÁNGEL (Tenor)
¡San Martín pasará con sus legiones!

CORO 2º
¡Pasará! ¡Pasará!

EL ÁNGEL (Tenor)
Y ante su paso han de llorar las cumbres,
pero será de gloria.
Se ablandarán los cuarzos inflexibles
y se le harán cordiales los abismos.
La misma nieve depondrá en lo alto
sus frías acechanzas.
¡Porque no está el orgullo en su bandera!

LA MONTAñA (Bajo)
¿no es, acaso, el orgullo
quien le prestó sus alas?

CORO 1º
¡Es el orgullo!

EL ÁNGEL (Tenor)
¡No! Sus alas tienen
una fuerza de amor. Y el heroísmo 
es empresa de amores.

LA MONTAñA (Bajo)
¿Què busca en sus amores?

EL ÁNGEL (Tenor)
¡Libertad!

CORO 2º
¡Libertad!

CORO 1º
¡Libertad! (Tercer tono del Himno)

LA MONTAñA (Bajo)
¿Para quién busca libertad el héroe?

EL ÁNGEL (Tenor)
Para las nuevas patrias
que han nacido recién, y en el concierto
de las naciones alzan
el grito nuevo de epifanía
y el nuevo canto de sus esperanzas.

CORO DE NIñOS
¡La libertad que piden
mi vida, 
nuestros jinetes
es el vino del justo,
mi vida
y el pan del fuerte!

LA MONTAñA (Bajo)
¡Voces primaverales
canto de la mañana
llegan a mis oídos
y conturban mi alma!
Porque, desde mi hielo
yo también soy la Patria.

CORO 1º
¡Quiere pasar!

LA MONTAñA (Bajo)
¡Que cruce
mis fieras hondonadas!
Porque, desde mi abismo,
yo también soy la Patria.


CORO 1º
¡Quiere humillar tu fuerza!

LA MONTAñA (Bajo)
¡Que rompa mis entrañas!
Porque, desde mis rocas,
yo también soy la patria.

AMBOS COROS
San Martín y sus legiones
ya tienen el paso abierto:
ya se rindió la montaña
con sus nieves y senderos.
Amor a la libertad
lo conduce a las arenas:
¡ya el corazón de los pueblos
está redoblando a la guerra!

CRONISTA
¡Mirad! Por entre los cerros
la falange se adelanta:
ya es asombro de los montes
y escándalo de las águilas.
Dura es la piedra sin ley,
terribles las hondonadas,
recelosas las alturas,
loco el viento, fría el agua
Pero, ¡mirad!, entre abismos
la falange se adelanta.

CORO
¡Más allá de las cumbres
hay otra patria
que nos tiende sus manos
encadenadas!

CRONISTA
Los días van desfilando
sobre la dura montaña,
y se descuelgan las noches,
y retornan las mañanas.
Pero, ¡mirad!, entre hielos
la falange se adelanta.

CORO
Más allá de los hielos
hay otra hermana
que nos está llamando,
¡que llama y llama!

CRONISTA
San Martín, el tiempo es corto
y la travesía es larga!
¡Cuánto sudor en las frentes
y qué trajín en las armas!
Pero, ¡mirad!, entre abismos
la falange se adelanta.

CORO
¡Mas allá del abismo
ya nos aguardan
las maduras espigas
de la batalla!


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La autoría de las imágenes corresponde a Raúl Pugliese y fue extraída de Diez Gómez. Adolfo (1948) Cuentos de hadas argentinos. Buenos Aires, Editorial Peuser para Editorial Codex, Colección Infantil General Perón, distribuidos por la Fundación Eva Perón para todos los niños argentino.

El relato del indio

Infancia de San Martín en Yapeyú


Todas las mañanas, cuando el sol aparecía sobre el palmar, el niño moreno, de ojos negros y pensativos, abandonaba el caserón paterno despidiéndose de la madre, luego de obtener su permiso:
—Hasta luego, mamita. Voy a ver a Guavirá, que me está esperando junto al río.
Envolviéndolo en su tierna y amorosa mirada, contestábale la señora doña Josefa, esposa del gobernador del departamento de Yapeyú:
—Anda, hijito. Guavirá es un indio bueno y fiel, y sabe cuidar de ti. 
Los pájaros cantaban cuando el pequeño José, que contaba seis años, reuníase con el viejo indígena, que lo quería entrañablemente. Mirando pasar la corriente rumorosa y azul, Guavirá, indio de las Misiones, acostumbraba referir a su infantil oyente historias y leyendas de su raza.
Contábale las invasiones de los mamelucos, los gauchos portugueses del Brasil, siempre en guerra con los guaireños del Paraguay. Narrábale la historia del famoso cacique Oberá, el caudillo y profeta guaraní, que vivió en los tiempos del abuelo del bisabuelo de Guavirá.
Esta historia, entre todas las demás, despertaba un interés singular en el niño, que no se cansaba de escucharla bajo las palmeras que mecían dulcemente las brisas tropicales.
Oberá había venido al mundo para salvar de la opresión y la esclavitud a sus desdichados hermanos. Un día sublevó todas las tribus del Guaira, donde más larde los padres jesuítas establecieron sus misiones entre las selvas.
Cuando Guavirá hablaba de las misiones, donde había nacido y se había criado, sus ojos se humedecían. El niño escuchaba absorto el relato maravilloso.
—Oberá, que significa "Resplandor del Sol", se crió junto a un buen padre misionero que le enseñó la doctrina cristiana y a leer y escribir. Antes de saber manejar las armas, soñaba ya con libertar a los suyos del duro yugo de los españoles, y se lo dijo al padre misionero, a quien entristecía la esclavitud de los indios, pero rechazaba la violencia y la sangre. Un día el buen padre se fue.
Oberá volvió al seno de las tribus. Les habló de milagros. Mientras hablaba, Guavirá contemplaba las selvas del otro lado del río, como si esperase ver aparecer en su canoa espectral al iluminado indígena cuya sombra flotaba sobre los bosques y los ríos desde hacía muchas generaciones.
—Cuéntame las guerras de Oberá — instaba el pequeño José, a quien no admiraban los milagros. Y el anciano de piel cobriza proseguía su relato en una mezcla de guaraní y castellano.
"Resplandor del Sol" fue de tribu en tribu, predicando el alzamiento contra los opresores blancos. Hasta que se produjo una insurrección general en todo el Guaira. Los pobres indios querían ser libres, como habían nacido.
En este pasaje de la narración el tierno oyente aplaudía y su carita morena se enrojecía de emoción y entusiasmo.
—¿Y qué más, Guavirá?
—Cuando se supo que las tribus se habían sublevado, vinieron los soldados españoles armados de sables y arcabuces y causaron una gran mortandad entre los indios, que pelearon con todo el valor que tenían, pero fueron derrotados.
—¿Y el valiente Oberá?
—Vencido, se internó en los inmensos bosques del Chaco, diciendo que lo esperasen, que un día iba a regresar. Pero nunca volvió.
Aquí terminaba el relato del viejo indígena. Por la noche, mirando desde su camita las estrellas que brillaban sobre las selvas de las. Misiones, el niño, que se llamaba José de San Martín, permanecía despierto. Soñaba con Oberá, el indio que quiso libertar a sus oprimidos hermanos de raza, y cuyo nombre ellos no habían de olvidar jamás.
Se quedaba dormido y continuaba soñando. Cuando él fuera hombre, también habría de libertar a los pueblos oprimidos. Y su nombre sería inmortal...

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Tanto el texto como la imagen fueron digitalizados por Didáctica de esta Patria.

El relato fue extraído de una hermosa revista de la década del 50: Continente. Mensuario de arte, letras, ciencias, humor, curiosidades e interés general. Buenos Aires, Editorial Los Dos, N° 34, Enero de 1950. Responsables de la revista: Josquín F. Dávila y Oscar Lamuto.

La imágen es de Raúl Pugliese y fue extraída de Diez Gómez. Adolfo (1948) Cuentos de hadas argentinos. Buenos Aires, Editorial Peuser para Editorial Codex, Colección Infantil General Perón, distribuidos por la Fundación Eva Perón para todos los niños argentino.

miércoles, 5 de diciembre de 2012

Proyecto Social y Cultural del Libertador José de San Martín

Por Hugo Ferreira
 (Detalle de la obra "San Martín, Rosas, Perón" de Alfredo Bettanin, óleo sobre tela, 1972)

Desde que fue nombrado como Coronel en 1812, y hasta que renunció como Protector (presidente) de la República del Perú en 1822, en sus gestiones tanto militares, al frente de los Ejércitos: del Norte, del Alto Perú, Auxiliar de Los Andes, de Chile y de Perú; como en sus gestiones políticas como Gobernador de Cuyo (actuales provincias de Mendoza, San Juan y San Luis) y como Protector del Perú; el Libertador José de San Martín tuvo como principio rector a la noble igualdad entre todos los hombres americanos cualesquiera fuese su origen y color de piel, así como el respeto a las diversas culturas locales.
Esto puede notarse de las siguientes medidas que tomó:
  • Abolición de la esclavitud: Fue propulsor de la “libertad de vientres” (o sea, que los hijos de las esclavas nacidos a la fecha del decreto sean libres), acompañado de medidas económicas para que el liberto pueda mantenerse con sus propios recursos;
  • Abolición de toda forma de servidumbre contra los indios: es decir, la eliminación de la mita, la encomienda, el yanaconazgo, el mayorazgo y toda otra forma de servicio de un hombre a otro, que no sea mediante una relación de trabajo asalariado;
  • Abolición de suplicios, torturas y castigos físicos, típicos del Absolutismo y de la Inquisición, como el cepo, la horca y la hoguera. Asimismo, contempló siempre las condiciones de vida y buena alimentación de los presos por delitos comunes;
  • Fundación de Escuelas y Bibliotecas Populares, destinadas a la alfabetización y a la formación general y masiva del Pueblo;
  • Promovió la separación de la Iglesia y el Estado, y promovió la libertad de expresión, principalmente en las artes y en las ciencias;
  • Compuso su Regimiento de Granaderos con más de 300 correntinos y misioneros, todos indios, negros y mestizos, entre ellos el soldado Juan Bautista Cabral. Procuró eliminar las diferencias entre oficiales y sub-oficiales, con el fin de ampliar la capacidad de mando y de carrera de indios, negros y mestizos en el Ejército. San Martín permitió todas las creencias y prácticas religiosas que celebraban los gauchos, indios y negros de su ejército;
  • Apoyo económico, moral y militar a las guerrillas populares de resistencia contra el absolutismo. Defiende a gauchos, indios y negros del racismo de las oligarquías provinciales;
  • Defendió la posesión de tierras de los Pueblos Originarios. Hizo imprimir copias de los Comentarios Reales… del Inca Garcilaso de la Vega (1814). Promovió el estudio de la historia y la cultura de los Incas (1821)
  • La bandera del Ejército de los Andes, de autoría del Libertador, contenía símbolos muy populares, como el “saludo gaucho”, el gorro colla con guarda pampa, la montaña en su base representando a Los Andes y el Inti o Sol Inca en la cabecera. También fue el creador de la bandera de la República del Perú.

(Bandera del Ejército de los Andes)

 














 

 (1ra Bandera del Perú)













 (2da Bandera del Perú)


FUENTES:
ASTESANO, Eduardo B. Bases históricas de la doctrina nacional: San Martín, Rosas y el Martín Fierro. Buenos Aires: EUdeBA, 1973.
____________________. Juan Bautista de América: El Rey Inca de Manuel Belgrano. Buenos Aires: Castañeda, 1979.
GALASSO, Norberto Seamos Libres y lo Demás no Importa Nada. Vida de San Martín. Buenos Aires: Ediciones Colihue, 2009
SOLIZ RADA, Andrés “Mariano Moreno y el Capitalismo de Estado”. Versión digital disponible en: