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viernes, 23 de agosto de 2013

Exodo jujeño: Proclama de Manuel Belgrano

El 23 de agosto de 1812 se da uno de los hechos históricos más dignos de nuestra historia, ejemplo de heroísmo y organización popular: el Éxodo Jujeño. Este movimiento fue comandado por Manuel Belgrano quien dirigía en aquel entonces el Ejército del Norte y consistió en el traslado de todo la población de San Salvador de Jujuy hacia Tucumán y el cumplimiento de la orden de Belgrano de dejar campo raso ante el avance de las tropas realistas desde el Alto Perú con más de 3 mil hombres. En esta oportunidad presentamos la Proclama de Belgrano llamando al éxodo y datos sobre una interesante película de los años 40 sobre el tema: "Nace la Libertad". 



29 de Julio de 1812


Manuel Belgrano

Pueblos de la Provincia: desde que puse el pie en vuestro suelo para hacerme cargo de vuestra defensa, en que se halla interesado el Excelentísimo Gobierno de las Provincias Unidas de la República del Río de la Plata, os he hablado con verdad. Siguiendo con ella os manifiesto que las armas de Abascal al mando de Goyeneche se acercan a Suipacha; y lo peor es que son llamados por los desnaturalizados que viven entre vosotros y que no pierden arbitrios para que nuestros sagrados derechos de libertad, propiedad y seguridad sean ultrajados y volváis a la esclavitud. 



Llegó pues la época en que manifestéis vuestro heroísmo y de que vengáis a reuniros al Ejército de mi mando, si como aseguráis queréis ser libres, trayéndonos las armas de chispa, blancas y municiones que tengáis o podáis adquirir, y dando parte a la Justicia de los que las tuvieren y permanecieren indiferentes a vista del riesgo que os amenaza de perder no solo vuestros derechos, sino las propiedades que tenéis. 

Hacendados: apresuraos a sacar vuestros ganados vacunos, caballares, mulares y lanares que haya en vuestras Estancias, y al mismo tiempo vuestros chasquis hacia el Tucumán, sin darme lugar a que tome providencias que os sean dolorosas, declarándolos además si no lo hicieseis por traidores a la patria. 

Labradores: asegurad vuestras cosechas extrayéndolas para dicho punto, en la inteligencia de que no haciéndolo incurriréis en igual desgracia que aquellos. 

Comerciantes: no perdáis un momento en enfardelar vuestros efectos y remitirnos e igualmente cuantos hubiere en vuestro poder de ajena pertenencia, pues no ejecutándolo sufriréis las penas que aquellos, y además serán quemados los efectos que se hallaren, sean en poder de quien fuere, y a quien pertenezcan. 



Entended todos, que al que se encontrare fuera de las guardias avanzadas del ejército en todos los puntos en que las hay, o que intente pasar sin mi pasaporte será pasado por las armas inmediatamente, sin forma alguna de proceso. Que igual pena sufrirá aquel que por sus conversaciones o por hechos atentase contra la causa sagrada de la Patria, sea de la clase, estado o condición que fuese. Que los que inspirasen desaliente estén revestidos del carácter que estuviesen serán igualmente pasados por las armas con solo la deposición de dos testigos. 
Que serán tenidos por traidores a la patria todos los que a mi primera orden no estuvieren prontos a marchar y no lo efectúen con la mayor escrupulosidad, sean de la clase y condición que fuesen. 


No espero que haya uno solo que me dé lugar para poner en ejecución las referidas penas, pues los verdaderos hijos de la patria me prometo que se empeñarán en ayudarme, como amantes de tan digna madre, y los desnaturalizados obedecerán ciegamente y ocultarán sus inicuas intensiones. Más, si así no fuese, sabed que se acabaron las consideraciones de cualquier especie que sean, y que nada será bastante para que deje cumplir cuanto dejo dispuesto.

Cuartel General de Jujuy, 29 de julio de 1812. Manuel Belgrano."



Películas sobre el Éxodo Jujeño


Una muy interesante película sobre el Éxodo Jujeño es "Nace la Libertad" del año 1949, dirigida por Julio Saraceni y con banda sonoro del maestro Alberto Ginastera. Ella no está centrada en la figura de Belgrano, quien comandó el éxodo, sino el pueblo heroico organizado que lo acompañó.
Puede descargar la película desde el blog de la Filmoteca de Canal 7 haciendo clic en el siguiente enlace  Nace la Libertad


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Las imágenes de Belgrano y la proclama fueron extraídas de Facebook del Archivo General de la Nación

Las imágenes de la película "Nace la Libertad" fueron extraídas del blog de Filmoteca Canal 7 

miércoles, 14 de agosto de 2013

Canto de San Martín. La gesta de la montaña (Leopoldo Marechal, 1950)


CRONISTA
Señores, este cantar
pide un amor y un silencio:
un silencio para el canto 
y un amor para el recuerdo.
San Martín ha regresado;
ya el aguilucho soberbio
consiguió afilar los hombres,
los potros y los aceros.
Ya las huestes argentinas
cargaron en San Lorenzo.
Pero la batalla empieza
recién, y el vasto lamento
de la Patria está cruzando
llanuras, bosques y cerros.

CORO
Amor de la libertad
me condujo a las arenas:
Ya destruí mis cadenas
y recobré mi heredad.
Pero nueva tempestad
azota mi frente, y digo
que contra el duro enemigo
sólo tiene mi razón
una entraña de león
y una mano de mendigo.

CRONISTA
Ha escuchado San Martín
el lamento de la Patria
¡Mirad cómo deja el norte
y busca ya la montaña!

CORO
¿Qué pensamientos lo lleva?
¿Qué le ha dictado su audacia?

CRONISTA
¡Le dictó la gran empresa!


CORO 1°
¿Cuál?

CORO 2°
¡Dímela!

CRONISTA
Una cruzada,
hija del amor prudente
y de la locura santa!

CORO 1°
Ya lo veo, señor de los abismos,
al pie de la montaña.
¡Enardece los cuerpos,
encabrita las almas,
funde metales duros
al pie de la montaña!

CORO 2°
¿Para qué tantos hombres afilados,
al pie de la montaña?
¿Para qué tanto hierro
se aguzará en las fraguas?
El héroe no lo dice:
mira la cumbre, y guarda
silencios apretados,
al pie de la montaña.

CRONISTA
San Martín está en silencio,
mientras aguza las armas.
En yunques y fundiciones
resucita la esperanza.
Un ritmo de campamento
nace, crece, vuela, estalla:
si aquí se templan aceros,
allá se templan guitarras.
Este preludio de guerra
y este amanecer de lanzas,
desde sus hondos abismos
ha escuchado la Montaña.
¡Mirad, la montaña escucha,
vibra de cólera y habla!

LA MONTAñA (Bajo)
¡Un fragor de metales castigados
turba el duro silencio de mi piedra,
sacude la raíz de mis abismos
y alborota mis águilas!
Ya no escucho a lo largo de mis días
el grito mineral de los torrentes.
¡Alguien conspira en mi hondonada
contra mi altivo corazón!

CORO 1°
¡Han profanado el silencio
que necesitan las nieves
para tejer el ovillo
de sus ensueños celestes!

LA MONTAñA (Bajo)
¿Qué imitadr del trueno
convoca sus legiones?
¿Quién anda por el valle
desatando la ira?

EL ÁNGEL (Tenor)
San Martín ha turbado
la calma de tu piedra.
¡Y ha de golpear tu corazón antiguo,
con el puño cerrado!

CORO 2°
¡San Martín ha de golpear
tu corazón de granito,
como quien está llamado
a las puertas del destino!

LA MONTAñA (Bajo)
¿Qué busca ese ruidoso
forjador de tormentas?

CORO 1°
¿Qué busca?

EL ÁNGEL (Tenor)
¡Dominarte,
con hombres y caballos!

CORO 2º
¡Con hombres y caballos,
mi vida,
pondrá en las nieves
el fuego de la enseña,
mi vida,
blanca y celeste!

LA MONTAñA (Bajo)
¡No pasarás! ¡Yo le opondré los hielos
terribles de la cima!
¡Yo le opondré las fauces del abismo
que acecha como el tigre!
¡Yo le opondré mis rocas afiladas
y el pico de mis cóndores!

CORO 1º
¡No cruzará la montaña
ni dominará su orgullo
las peñas que todavía
guardan rastros de diluvio!

EL ÁNGEL (Tenor)
¡San Martín pasará con sus legiones!

CORO 2º
¡Pasará! ¡Pasará!

EL ÁNGEL (Tenor)
Y ante su paso han de llorar las cumbres,
pero será de gloria.
Se ablandarán los cuarzos inflexibles
y se le harán cordiales los abismos.
La misma nieve depondrá en lo alto
sus frías acechanzas.
¡Porque no está el orgullo en su bandera!

LA MONTAñA (Bajo)
¿no es, acaso, el orgullo
quien le prestó sus alas?

CORO 1º
¡Es el orgullo!

EL ÁNGEL (Tenor)
¡No! Sus alas tienen
una fuerza de amor. Y el heroísmo 
es empresa de amores.

LA MONTAñA (Bajo)
¿Què busca en sus amores?

EL ÁNGEL (Tenor)
¡Libertad!

CORO 2º
¡Libertad!

CORO 1º
¡Libertad! (Tercer tono del Himno)

LA MONTAñA (Bajo)
¿Para quién busca libertad el héroe?

EL ÁNGEL (Tenor)
Para las nuevas patrias
que han nacido recién, y en el concierto
de las naciones alzan
el grito nuevo de epifanía
y el nuevo canto de sus esperanzas.

CORO DE NIñOS
¡La libertad que piden
mi vida, 
nuestros jinetes
es el vino del justo,
mi vida
y el pan del fuerte!

LA MONTAñA (Bajo)
¡Voces primaverales
canto de la mañana
llegan a mis oídos
y conturban mi alma!
Porque, desde mi hielo
yo también soy la Patria.

CORO 1º
¡Quiere pasar!

LA MONTAñA (Bajo)
¡Que cruce
mis fieras hondonadas!
Porque, desde mi abismo,
yo también soy la Patria.


CORO 1º
¡Quiere humillar tu fuerza!

LA MONTAñA (Bajo)
¡Que rompa mis entrañas!
Porque, desde mis rocas,
yo también soy la patria.

AMBOS COROS
San Martín y sus legiones
ya tienen el paso abierto:
ya se rindió la montaña
con sus nieves y senderos.
Amor a la libertad
lo conduce a las arenas:
¡ya el corazón de los pueblos
está redoblando a la guerra!

CRONISTA
¡Mirad! Por entre los cerros
la falange se adelanta:
ya es asombro de los montes
y escándalo de las águilas.
Dura es la piedra sin ley,
terribles las hondonadas,
recelosas las alturas,
loco el viento, fría el agua
Pero, ¡mirad!, entre abismos
la falange se adelanta.

CORO
¡Más allá de las cumbres
hay otra patria
que nos tiende sus manos
encadenadas!

CRONISTA
Los días van desfilando
sobre la dura montaña,
y se descuelgan las noches,
y retornan las mañanas.
Pero, ¡mirad!, entre hielos
la falange se adelanta.

CORO
Más allá de los hielos
hay otra hermana
que nos está llamando,
¡que llama y llama!

CRONISTA
San Martín, el tiempo es corto
y la travesía es larga!
¡Cuánto sudor en las frentes
y qué trajín en las armas!
Pero, ¡mirad!, entre abismos
la falange se adelanta.

CORO
¡Mas allá del abismo
ya nos aguardan
las maduras espigas
de la batalla!


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La autoría de las imágenes corresponde a Raúl Pugliese y fue extraída de Diez Gómez. Adolfo (1948) Cuentos de hadas argentinos. Buenos Aires, Editorial Peuser para Editorial Codex, Colección Infantil General Perón, distribuidos por la Fundación Eva Perón para todos los niños argentino.

El relato del indio

Infancia de San Martín en Yapeyú


Todas las mañanas, cuando el sol aparecía sobre el palmar, el niño moreno, de ojos negros y pensativos, abandonaba el caserón paterno despidiéndose de la madre, luego de obtener su permiso:
—Hasta luego, mamita. Voy a ver a Guavirá, que me está esperando junto al río.
Envolviéndolo en su tierna y amorosa mirada, contestábale la señora doña Josefa, esposa del gobernador del departamento de Yapeyú:
—Anda, hijito. Guavirá es un indio bueno y fiel, y sabe cuidar de ti. 
Los pájaros cantaban cuando el pequeño José, que contaba seis años, reuníase con el viejo indígena, que lo quería entrañablemente. Mirando pasar la corriente rumorosa y azul, Guavirá, indio de las Misiones, acostumbraba referir a su infantil oyente historias y leyendas de su raza.
Contábale las invasiones de los mamelucos, los gauchos portugueses del Brasil, siempre en guerra con los guaireños del Paraguay. Narrábale la historia del famoso cacique Oberá, el caudillo y profeta guaraní, que vivió en los tiempos del abuelo del bisabuelo de Guavirá.
Esta historia, entre todas las demás, despertaba un interés singular en el niño, que no se cansaba de escucharla bajo las palmeras que mecían dulcemente las brisas tropicales.
Oberá había venido al mundo para salvar de la opresión y la esclavitud a sus desdichados hermanos. Un día sublevó todas las tribus del Guaira, donde más larde los padres jesuítas establecieron sus misiones entre las selvas.
Cuando Guavirá hablaba de las misiones, donde había nacido y se había criado, sus ojos se humedecían. El niño escuchaba absorto el relato maravilloso.
—Oberá, que significa "Resplandor del Sol", se crió junto a un buen padre misionero que le enseñó la doctrina cristiana y a leer y escribir. Antes de saber manejar las armas, soñaba ya con libertar a los suyos del duro yugo de los españoles, y se lo dijo al padre misionero, a quien entristecía la esclavitud de los indios, pero rechazaba la violencia y la sangre. Un día el buen padre se fue.
Oberá volvió al seno de las tribus. Les habló de milagros. Mientras hablaba, Guavirá contemplaba las selvas del otro lado del río, como si esperase ver aparecer en su canoa espectral al iluminado indígena cuya sombra flotaba sobre los bosques y los ríos desde hacía muchas generaciones.
—Cuéntame las guerras de Oberá — instaba el pequeño José, a quien no admiraban los milagros. Y el anciano de piel cobriza proseguía su relato en una mezcla de guaraní y castellano.
"Resplandor del Sol" fue de tribu en tribu, predicando el alzamiento contra los opresores blancos. Hasta que se produjo una insurrección general en todo el Guaira. Los pobres indios querían ser libres, como habían nacido.
En este pasaje de la narración el tierno oyente aplaudía y su carita morena se enrojecía de emoción y entusiasmo.
—¿Y qué más, Guavirá?
—Cuando se supo que las tribus se habían sublevado, vinieron los soldados españoles armados de sables y arcabuces y causaron una gran mortandad entre los indios, que pelearon con todo el valor que tenían, pero fueron derrotados.
—¿Y el valiente Oberá?
—Vencido, se internó en los inmensos bosques del Chaco, diciendo que lo esperasen, que un día iba a regresar. Pero nunca volvió.
Aquí terminaba el relato del viejo indígena. Por la noche, mirando desde su camita las estrellas que brillaban sobre las selvas de las. Misiones, el niño, que se llamaba José de San Martín, permanecía despierto. Soñaba con Oberá, el indio que quiso libertar a sus oprimidos hermanos de raza, y cuyo nombre ellos no habían de olvidar jamás.
Se quedaba dormido y continuaba soñando. Cuando él fuera hombre, también habría de libertar a los pueblos oprimidos. Y su nombre sería inmortal...

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Tanto el texto como la imagen fueron digitalizados por Didáctica de esta Patria.

El relato fue extraído de una hermosa revista de la década del 50: Continente. Mensuario de arte, letras, ciencias, humor, curiosidades e interés general. Buenos Aires, Editorial Los Dos, N° 34, Enero de 1950. Responsables de la revista: Josquín F. Dávila y Oscar Lamuto.

La imágen es de Raúl Pugliese y fue extraída de Diez Gómez. Adolfo (1948) Cuentos de hadas argentinos. Buenos Aires, Editorial Peuser para Editorial Codex, Colección Infantil General Perón, distribuidos por la Fundación Eva Perón para todos los niños argentino.

viernes, 4 de enero de 2013

Las Islas Malvinas y José Hernández

“Las Islas Malvinas. Cuestiones graves” junto con “Carta interesante: Relación de un viaje a las Islas Malvinas” fueron textos escritos por José Hernández – autor del Martín Fierro- en noviembre de 1869, a propósito del viaje que realizara a estas Islas el amigo de Hernández, Comandante de la Armada Augusto Lasserre. Laserre escribió una carta a José Hernández contando los detalles de la vida en las Islas Malvinas, su geografía, actividades económicas y reflexiones propias sobre la situación de usurpación de las Islas por parte de Inglaterra.
Tanto la carta de Laserre como los textos de José Hernández, fueron publicados en el diario Río de la Plata durante los últimos días del mes de noviembre de 1869 de quien el autor de Martín Fierro era fundador, propietario y redactor. El primer número de este diario salió el 6 de agosto de 1869 y el último el 22 de abril de 1870 (Gil Guiñón, 2006) José Hernández lo fundó a su regreso a Buenos Aires luego de la censura por ser parte de la prensa opositora a Mitre, ya que era federal y partidario de la Confederación.

Queridos compañeros, con ustedes este texto impecable, repleto de actualidad y altos conceptos.  La actualidad,  por el reclamo de nuestra soberanía sobre las Islas, tal como lo viene haciendo el Gobierno Popular de Nuestra Presidenta Cristina Fernández de Kirchner. La altura conceptual porque pone en palabras lo que verdaderamente significa el Suelo Patrio y porque es un texto del padre del Martín Fierro, EL Poema del Pueblo Argentino, el Cantar de la Patria y su gente.

(Señalo con negrita y con colores, colores del Arcoiris, aquellas palabras que me resultan más elocuentes, por su puesto, sin desmerecer las otras que no tienen desperdicio alguno e invitándolos a que hagan lo mismo ustedes. A cada uno le resonará en varios lugares. Ojalá a todos, en el corazón)

¡Que vivan las Islas Malvinas! ¡Qué viva José Hernández! ¡Qué viva Martín Fierro! ¡Qué viva el gaucho Rivero!

Las Islas Malvinas. Cuestiones graves:
A la interesante relación del viaje a las Islas Malvinas de nuestro distinguido amigo el señor Lasserre que publicamos hace algunos días en El Río de la Plata, ha llamado justamente la atención de la prensa ilustrada, y ha sido leída con profundo y general interés en toda la población. Los argentinos, especialmente, no han podido olvidar que se trata de una parte muy importante del territorio nacional, usurpada a merced de circunstancias desfavorables, en una época indecisa, en que la nacionalidad luchaba aún con los escollos opuestos a su definitiva organización.
Se concibe y se explica fácilmente ese sentimiento profundo y celoso de los pueblos por la integridad de su territorio, y que la usurpación de un solo palmo de tierra inquiete su existencia futura, como si se nos arrebatara un pedazo de nuestra carne. La usurpación no sólo es el quebrantamiento de un derecho civil y político; es también la conculcación de una ley natural.
Los  pueblos necesitan del territorio con que han nacido a la vida política, como se necesita del aire para libre expansión de nuestros pulmones. Absorberle un pedazo de su territorio, es arrebatarle un derecho, y esa injusticia envuelve un doble atentado, porque no sólo es el despojo de una propiedad, sino que es también la amenaza de una nueva usurpación. El precedente de injusticia es siempre el temor de la injusticia, pues si la conformidad o la indiferencia del pueblo agraviado consolida la conquista de la fuerza, ¿quién le defenderá mañana contra una nueva tentativa de despojo, o de usurpación?
El pueblo comprende o siente esas verdades, y su inquietud es la intranquilidad de todos los pueblos que la historia señala como víctimas de iguales atentados. Allí donde ha habido un desconocimiento de la integridad territorial, hemos presenciado siempre los esfuerzos del pueblo damnificado por llegar a la reconquista del territorio usurpado. 

El señor Lasserre ha dicho muy bien, inspirado en un noble sentimiento, al emprender su interesante narración: “Las siguientes líneas quizá ofrezcan algún interés por la doble razón de ser ellas (las islas) propiedad de los argentinos, y permanecer, sin embargo, poco o nada conocidas por la mayoría de sus legítimos dueños. No es mi intención, ni creo oportuno este caso, para entrar en consideraciones políticas sobre la no devolución de ese inmenso territorio que hemos prestado a los ingleses, un poco contra nuestra voluntad, pero no quiero dejar pasar esta oportunidad sin deplorar la negligencia de nuestros gobiernos, que han ido dejando pasar el tiempo sin acordarse de tal reclamación pendiente. Es de suponer que la ilustración del actual Gobierno Nacional comprenda la importancia de esa devolución, que él se halla en el deber de exigir del de S.M.B., pues que esas islas, por su posición geográfica son la llave del Pacífico y están llamadas indudablemente a un gran porvenir con el probable aumento de población en nuestros fertilísimos territorios.”
La importancia de las Islas Malvinas es incuestionable. Su proximidad a la costa Sud de nuestro territorio, sus inmejorables puertos para el comercio y navegación de aquellas costas, el valioso ramo de la pesca, la cría de ganados vacuno y lanar, para la cual se prestan maravillosamente sus fertilísimos campos, con ricas aguadas permanentes, todas éstas son ventajas reconocidas por los que han visitado dichas Islas.
Refiriéndose el Standard a la relación del señor Lasserre, y apreciándola en términos honoríficos, anuncia que va a traducirla para ofrecerla a sus lectores. Con este motivo, dice el colega inglés, “que se han realizado grandes compras de ovejas para las Islas Malvinas, las que han sido contratadas a 30 pesos, moneda corriente, elegidas y puestas a bordo”.
Pero no nos hemos propuesto esencialmente dar idea de las ventajas económicas que ofrece la posesión de aquellas Islas. Si no hemos debido prescindir de esos detalles, es porque ellos pueden estimular el celo de nuestro gobierno e influir en sus disposiciones en relación a la reclamación diplomática que debe entablar desde ya ante el gobierno británico.
Con esta cuestión se presenta enlazada otra que no es menos grave por ser individual, y que viene a explicar históricamente el origen de la usurpación del dominio de las Islas Malvinas. La República Argentina mantuvo siempre sobre las Islas su indisputable derecho de soberanía. Penetrados nuestros primeros gobiernos de la necesidad de afirmar la posesión de ese derecho por la explotación industrial de aquellas Islas, hicieron con ese fin algunos esfuerzos meritorios.


En 1828, el gobierno cedió al señor D. Luis Vernet la Isla llamada Soledad, a condición de formar en ella una Colonia a su costa. Esta se realizó con el mejor éxito después de vencer todas las dificultades inherentes a una empresa de tal magnitud.
La colonia prosperaba hacía ya algunos años y el gobierno argentino veía con singular satisfacción el gran porvenir que aquella naciente colonia auguraba para la navegación y comercio de nuestras extensas costas hasta el Cabo de Hornos.
En 1831 fueron apresados en las islas tres buques norteamericanos que habían reincidido en la pesca de anfibios contra los terminantes reglamentos que debía hacer observar la autoridad de aquella jurisdicción. El doctor Areco, en la tesis que presentó en 1866 para optar al grado de Doctor en Jurisprudencia, consagra algunos recuerdos a ese episodio histórico que debía tener tan deplorable consecuencias. Dice así: “El Gobernador de Malvinas [el señor Vernet], obligado a hacer respetar los reglamentos relativos a la pesca, o mejor dicho matanza de lobos, dentro de su jurisdicción, reglamentos tan antiguos como ésta, e interesado en gozar exclusivamente de una de las concesiones que le había hecho el gobierno de Buenos Aires, detuvo unos buques norteamericanos, que según confesión de sus mismos capitanes, se ocupaban de este tráfico ilegal. El tribunal competente los declaró buenas presas y legitimó la conducta del señor Vernet”.
A consecuencia de ese apresamiento el comandante de un buque de guerra norteamericano, destruyó la floreciente colonia de la isla Soledad, y ese hecho injustificable fue precisamente lo que indujo a Inglaterra a apoderarse de las Islas Malvinas, consumando ese atentado contra la integridad territorial de la Nación Argentina, cuya soberanía sobre aquellas islas había sido siempre respetada.
Un distinguido diplomático argentino, el doctor D. Manuel Moreno, acreditado cerca del gobierno británico en calidad de Ministro Plenipotenciario de la República, en 1834, se expresaba en estos términos en nota dirigida a aquel gobierno: “No puede alegarse contra las Provincias Unidas [del Río de la Plata] que traten de revivir una cuestión que estaba transada después de más de medio siglo atrás. Por el contrario, la invasión de la Corbeta Clio en 5 de enero de 1833 es la que ha alterado e invertido el estado de cosas que había dejado la convención de 22 de enero de 1771”.



Entre tanto, el gobierno argentino, que ha pagado íntegramente todas las deudas procedentes de perjuicios originados a los súbditos extranjeros, que se ha mantenido hasta ahora en estrechas y cordiales relaciones con todos los gobiernos europeos y americanos, excepto el del Paraguay, no ha obtenido reparación alguna por los serios perjuicios causados a un ciudadano argentino por la destrucción de la colonia Soledad, ni menos por la usurpación de las Islas Malvinas, arrebatadas por los ingleses, en una época en que los gobiernos hacían imprudente alarde de las ventajas materiales de la fuerza, en un momento dado.
Debemos creer que eso se deba a la indiferencia de nuestros gobiernos, o a las débiles gestiones con que se han presentado ante los gabinetes extranjeros. Absorbidos por los intereses transitorios de la política interna, nuestros gobiernos no han pensado en velar por los altos intereses de la Nación Argentina, más allá del círculo estrecho en que se han agitado estérilmente los círculos tradicionales. Nos hallamos felizmente en una situación nueva y especial.
Los últimos treinta años han marcado la serie de grandes progresos morales y materiales. Ya no es el alarde de la fuerza, el que apoya una gestión cualquiera en el mundo diplomático. Los gobiernos han comprendido ya que no hay otra fuerza legítima y respetable que la fuerza del derecho y de la justicia; que el abuso no se legitima jamás, e imprime siempre un sello odioso sobre la frente de los que lo consuman.
La historia y la moral les han enseñado que tarde o temprano se expía el atentado cometido a nombre de la fuerza, porque los que hoy se prevalen de la inferioridad relativa, hallarán mañana otro poder más fuerte, que utilizará en su ventaja la lección que se desprende de un acto depresivo y criminal.

En los tiempos contemporáneos tenemos ejemplos elocuentes de esa verdad. Austria devolviendo el Véneto a la Italia, después de haber experimentado el fusil de aguja; Francia desprendiéndose de México ante la actitud de los Estados Unidos; España abandonando las islas del Perú, ante la explosión del sentimiento americano, son hechos recientes que confirman la saludable revolución de las ideas de moral y de justicia, que se opera en el mundo.
Gobiernos ningunos en los últimos tiempos han llevado más adelante ese respeto por la opinión universal, que los gobiernos de Estados Unidos y de Inglaterra, y son los gobiernos más fuertes del mundo. La época lejana de ilusorias conquistas pasó y los americanos y los ingleses son hoy los primeros en condenar los atentados que se consumaron en otro tiempo a la sombra de sus banderas. ¿Cómo no esperar entonces que los Estados Unidos y la Inglaterra se apresuren a dar testimonio de su respeto al derecho de la Nación Argentina, reparando los perjuicios inferidos, devolviendo a su legítimo soberano el territorio usurpado?
Entendemos que la administración del General Mitre se preocupó de esta cuestión y envió instrucciones al ministro argentino en Washington, que lo era el señor Sarmiento, para iniciar una justa reclamación por la destrucción de la colonia y el abandono a que esto dio lugar. Parece que el señor Sarmiento no reputó bastante explícitas las instrucciones, aunque apoyó resueltamente el derecho de entablar aquella reclamación. Entre tanto, deber es muy sagrado de la Nación Argentina, velar por la honra de su nombre, por la integridad de su territorio y por los intereses de los argentinos. Esos derechos no se prescriben jamás.
Y pues que la ocasión se presenta, preocupada justamente la opinión pública con la oportuna publicación de la interesante carta del señor Lasserre, llenamos el deber de iniciar las graves cuestiones que surgen de los hechos referidos. Llamamos la atención de toda la prensa argentina sobre asuntos de tan alta importancia política y económica, de los cuales volveremos a ocuparnos oportunamente.

Fuentes:

Hernández, José; Lasserre, Augusto; Gil Guiñón, Joaquín, (compilador) Las Islas Malvinas : lo que escribió Hernández, en 1869, respecto a este territorio argentino y las noticias que acerca de su viaje a las islas le comunicó Augusto Lasserre [Comandante de la Armada]. Buenos Aires : Corregidor, 2006
Las imágenes las fui tomando de distintos blogs, muchos compañeros. ¡Mil gracias por ponerlas a disposición!



miércoles, 2 de enero de 2013

MALVINAS Y PAYSANDÚ: DOS BATALLAS, UNA GESTA ARGENTINA ORIENTAL por Hugo Ferreira

  El 2 y 3 de enero, se conmemoran dos fechas, una en Argentina y otra en Uruguay. Ambas, aún laten con fuerza en toda la Patria Grande: El 3 de enero de 1833, embarcaciones del imperio británico tomaban por la fuerza el territorio argentino de las Islas Malvinas. Pero tuvieron que vérselas con el gaucho entrerriano Antonio Rivero que liderando la Revolución Malvinera (26 de agosto de 1833), mantuvo en alto con dignidad durante algo más de cuatro meses el emblema de las Provincias Unidas en América del Sur. 32 años más tarde, el 2 de enero de 1865, terminó la gloriosa gesta de 33 días de la Heroica Paysandú liderada por el oriental Leandro Gómez.

Plaza Islas Malvinas, esquina Paysandú y 9 de Julio (Colón, Entre Ríos)

El 3 de enero de 1833, embarcaciones del imperio británico tomaban por la fuerza el territorio argentino de las Islas Malvinas. Pero tuvieron que vérselas con el gaucho entrerriano Antonio Rivero que en la gesta de la Revolución Malvinera, comenzada el 26 de agosto de 1833, mantuvo en alto con dignidad durante algo más de cuatro meses el emblema de las Provincias Unidas en América del Sur. 32 años más tarde, el 2 de enero de 1865, terminó la gloriosa gesta de 33 días de la Heroica Paysandú liderada por el oriental Leandro Gómez.
 Solar en el que fueron fusilados el Gral. Leandro Gomez, el Tte. Coronel Juan María Braga, el Mayor Eduviges Acuña y el Capitán Federico Fernández.

 Paredón de fusilamiento
Marca de bala en el paredón

La usurpación de aquel 3 de enero de 1833, anunciaba el plan del imperialismo de conquistar el territorio sur de la Confederación Argentina y de dividir al país en varias republiquetas. Lo estaba consiguiendo en Centroamérica, lo consiguió con el mutilamiento de Bolivia y Uruguay de la Confederación.

La segunda, la Heróica Paysandú, anunciaba el plan de genocidio que se quería llevar al Paraguay. En ese sentido, Paysandú fue el laboratorio de lo que más tarde se realizaría en el Estado Guaraní.
Escolta Charrúa

La historia, así en minúscula, no nos enseña nada. La Historia, así en mayúscula, es lo que nos posibilita reflexionar, elaborar, pensar y sobre todo, SIMBOLIZAR esas experiencias de nuestra Patria.

Pero entonces, ¿qué tienen en común Malvinas y Paysandú? ¿Dónde confluyen esas epopeyas? Y principalmente, ¿qué importan hoy, a 180 años de una y 148 años de la otra?

Ambas gestas fueron protagonizadas por mujeres y hombres de nuestra tierra, indios, negros, gauchos y criollos que amaron a nuestro país y que enfrentaron a fuerzas colonizadoras realmente colosales. Rivero, al mando de sus pocos gauchos e indios, mantuvo la resistencia contra los marines de su graciosa majestad (nunca entendí qué tiene de graciosa esa vieja castradora). Leandro Gomez, con poco más de mil hombres, resistió en la capital sanducera el golpe de estado encabezado por Venancio Flores (también conocido en Santa Fe como “el degollador de Cañada de Gomez”), apoyado por la módica suma de 15 mil soldados de ejército imperial brasileño y sus escuadras. Con la Patria en los brazos, Rivero y Gomez la defendieron de aquellos que la deseaban para exprimirla y explotarla para fines no por inconfesables menos reales. Rivero y Gómez, contemporáneos entre sí – el entrerriano había nacido en Arroyo de la China [Concepción del Uruguay] en 1808 y el oriental en Montevideo en 1811 – pelearon en la misma guerra por la Soberanía nacional liderada por Rosas y Oribe. Malvinas el final del prólogo; Paysandú fue el comienzo del epílogo.

Leandro Gomez

En ambas gestas pelearon argentinos y orientales. En la Revolución de los Malvineros liderada por Rivero participaron 5 ó 6 guerreros federales de origen charrúa, sobrevivientes del genocidio realizado por el “Pardejón” Rivera, desterrados del recientemente inventado Estado Oriental. En Paysandú pelearon otros tantos argentinos, entre los que quisiera destacar a Rafael Hernandez, el verdadero padre de la Universidad de La Plata y hermano de José Hernandez el escritor de Martín Fierro. José apoyó a la Heroíca desde la banda occidental (impedido de cruzar el Río Uruguay). Alguien más: Waldino Urquiza, hijo del infame loco traidor “Justo” Urquiza, peleó junto a los nacionales orientales en un intento de conmover a su progenitor; no lo consiguió.

Reconstrucción del rostro del gaucho Antonio Rivero

Resulta elocuente que en Paysandú también lucharan orientales de origen charrúa, igual que en Malvinas. ¿Por qué luchaban todos ellos? Por amor a esta tierra en la que elegimos nacer, por nuestros hermanos, por nuestro “mero estar” y nuestro “mero darse para el fruto” como nos enseña Rodolfo Kusch. Por nuestras canciones, nuestra fe, nuestros candombes y milongas, nuestros malambos y carnavalitos, por nuestros cielitos y murgas. Por nuestras procesiones a la Santa Madre y nuestras ofrendas a la Pacha. Juntos, argentinos, orientales y americanos.

Autor: Francisco Ayerza, aprox. 1890, Estancia San Juan, actual Parque Pereyra Iraola

Ser consecuentes con Antonio Florencio Rivero y Leandro Gómez no es golpearse el pecho hablando de la Patria, vistiendo boina vasca, bombacha inglesa y camisa polo. Es aceptarla, comprenderla y amarla. “La Patria no es una mujer de pechos reventones” conceptualiza espiritualmente Leopoldo Marechal; o sea que quienes se llenan la boca con su nombre con el único fin de enriquecerse los bolsillos y aumentar sus privilegios no la conocen, no la aceptan, no la aman. Descendientes de los “papapolitanos” y otros gringos, tienen el bajísimo atrevimiento de decirles “extranjeros” al hijo del charrúa, del mapuche, del guaraní, del quichua y del aymara, del negro y del criollo que dieron su vida y su sangre para que hoy podamos tener nuestros países.
Monumento al General Leandro Gomez, Plaza Constitución, Paysandú (Uruguay)

Hoy no nos van a invadir escuadras imperiales colosales como las que tuvieron que enfrentar Rivero y Gómez al frente de charrúas, negros y criollos; pero eso no significa que no estemos una y otra vez resistiendo desembarcos imperiales de Misters Cosos eufemísticamente llamados fondos buitres, papeleras, fondos monetarios, etc., apoyados por los contreras de adentro, “patriotas” de Jockeys y jackets.

Xul Solar, "Drago", 1921

Hoy, seguir el ejemplo de Rivero y Gómez es hacer todo lo que haya que hacer para consolidar nuestra Unión de Naciones Sudamericanas y nuestro Mercado Común del Sur, con trabajo, salud y cultura (nuestra cultura) para todas y todos los americanos.

"Bando, neones y sapos", Ricardo Carpani

miércoles, 5 de diciembre de 2012

Proyecto Social y Cultural del Libertador José de San Martín

Por Hugo Ferreira
 (Detalle de la obra "San Martín, Rosas, Perón" de Alfredo Bettanin, óleo sobre tela, 1972)

Desde que fue nombrado como Coronel en 1812, y hasta que renunció como Protector (presidente) de la República del Perú en 1822, en sus gestiones tanto militares, al frente de los Ejércitos: del Norte, del Alto Perú, Auxiliar de Los Andes, de Chile y de Perú; como en sus gestiones políticas como Gobernador de Cuyo (actuales provincias de Mendoza, San Juan y San Luis) y como Protector del Perú; el Libertador José de San Martín tuvo como principio rector a la noble igualdad entre todos los hombres americanos cualesquiera fuese su origen y color de piel, así como el respeto a las diversas culturas locales.
Esto puede notarse de las siguientes medidas que tomó:
  • Abolición de la esclavitud: Fue propulsor de la “libertad de vientres” (o sea, que los hijos de las esclavas nacidos a la fecha del decreto sean libres), acompañado de medidas económicas para que el liberto pueda mantenerse con sus propios recursos;
  • Abolición de toda forma de servidumbre contra los indios: es decir, la eliminación de la mita, la encomienda, el yanaconazgo, el mayorazgo y toda otra forma de servicio de un hombre a otro, que no sea mediante una relación de trabajo asalariado;
  • Abolición de suplicios, torturas y castigos físicos, típicos del Absolutismo y de la Inquisición, como el cepo, la horca y la hoguera. Asimismo, contempló siempre las condiciones de vida y buena alimentación de los presos por delitos comunes;
  • Fundación de Escuelas y Bibliotecas Populares, destinadas a la alfabetización y a la formación general y masiva del Pueblo;
  • Promovió la separación de la Iglesia y el Estado, y promovió la libertad de expresión, principalmente en las artes y en las ciencias;
  • Compuso su Regimiento de Granaderos con más de 300 correntinos y misioneros, todos indios, negros y mestizos, entre ellos el soldado Juan Bautista Cabral. Procuró eliminar las diferencias entre oficiales y sub-oficiales, con el fin de ampliar la capacidad de mando y de carrera de indios, negros y mestizos en el Ejército. San Martín permitió todas las creencias y prácticas religiosas que celebraban los gauchos, indios y negros de su ejército;
  • Apoyo económico, moral y militar a las guerrillas populares de resistencia contra el absolutismo. Defiende a gauchos, indios y negros del racismo de las oligarquías provinciales;
  • Defendió la posesión de tierras de los Pueblos Originarios. Hizo imprimir copias de los Comentarios Reales… del Inca Garcilaso de la Vega (1814). Promovió el estudio de la historia y la cultura de los Incas (1821)
  • La bandera del Ejército de los Andes, de autoría del Libertador, contenía símbolos muy populares, como el “saludo gaucho”, el gorro colla con guarda pampa, la montaña en su base representando a Los Andes y el Inti o Sol Inca en la cabecera. También fue el creador de la bandera de la República del Perú.

(Bandera del Ejército de los Andes)

 














 

 (1ra Bandera del Perú)













 (2da Bandera del Perú)


FUENTES:
ASTESANO, Eduardo B. Bases históricas de la doctrina nacional: San Martín, Rosas y el Martín Fierro. Buenos Aires: EUdeBA, 1973.
____________________. Juan Bautista de América: El Rey Inca de Manuel Belgrano. Buenos Aires: Castañeda, 1979.
GALASSO, Norberto Seamos Libres y lo Demás no Importa Nada. Vida de San Martín. Buenos Aires: Ediciones Colihue, 2009
SOLIZ RADA, Andrés “Mariano Moreno y el Capitalismo de Estado”. Versión digital disponible en:

viernes, 12 de octubre de 2012

Homero Manzi: Amar todo lo que nace del Pueblo


Sublimes palabras de Homero Manzi escritas en Revista Línea, 6 de mayo de 1948

“Alguna vez, alguien que sea dueño de fuerzas geniales, tendrá que realizar el ensayo de la influencia de lo popular en el destino de nuestra América, para, recién entonces poder tener nosotros la noción admirativa de lo que somos.
Esta pobre América que tenía su cultura y que estaba realizando tal vez en dorado fracaso, su propia historia, y a la que de pronto, iluminados almirantes, reyes ecuménicos, sabios cardenales, duros guerreros y empecinados catequistas ordenaron: ¡Cambia tu piel, viste esa ropa, ama a este Dios, danza esta música, vive esta historia!
Nuestra pobre América que comenzó a correr en una pista desconocida, detrás de metas ajenas y cargando quince siglos de desventajas.
Nuestra pobre América, que comenzó a tallar el cuerpo de Cristo cuando ya miles y miles de manos afiebradas por el arte y por la fe, habían perfeccionado la tarea en experiencias luminosas.
Nuestra pobre América, que comenzó a rezar cuando ya eran prehistoria los viejos testamentos y cuando los evangelios ya habían escrito su mensaje; cuando Homero había enhebrado su largo rosario de versos, y cuando el Dante había cumplido su divino viaje...
Nuestra pobre América a la que parecía no corresponderle otro destino que el de la imitación irredenta (...)
¿Para qué nuestra música, nuestros dioses, nuestras telas, nuestra ciencia, nuestro vino?
Todo lo que cruzaba el mar era mejor y, cuando no teníamos salvación, apareció lo popular para salvarnos.

Instituto del pueblo, creación del pueblo, tenacidad del pueblo.
Lo popular no comparó lo malo con lo bueno. Hacía lo malo y cuando lo hacía, creaba el gusto necesario como para no rechazar su propia factura y, ciegamente, inconscientemente, estoicamente, prestó su aceptación a lo que venía de sí mismo y su repudio heroico a lo que venía desde lejos.
Mientras tanto lo antipopular, es decir lo culto, es decir lo perfecto rechazando todo lo propio y aceptando todo lo ajeno, trataba esa esperanza de ser, que es el destino triunfador de América.
Por eso yo, ante ese drama de ser hombre del mundo, de ser hombre de América, de ser hombre argentino, me he impuesto la tarea de amar todo lo que nace del pueblo, todo lo que llega al pueblo, todo lo que escucha el pueblo”

(Extraído de: Alen Lescano, Luis. Homero Manzi: poesía y política. Editorial Nativa, Buenos Aires, 1974)


¡Y nuestros cartelitos de pensamiento nacional para compartir!